A no dar por el pito más de los que el pito vale

Si hay un hecho evidente e incontrastable para quienes continuamente analizamos la situación del país y la región, es el cada día mayor y casi trágico aislamiento político que están viviendo los llamados asambleístas de Gualeguaychú, que siguen manteniendo sus piquetes cortando los puentes que unen la Argentina con Uruguay como resultado, insólito, de una actitud claramente impertinente del presidente Néstor Kirchner, que dejó crecer el militantismo ultra de estos tristes personajes que, indudablemente no están escribiendo una parte buena de la historia y ahora, cuando falta poco tiempo para las elecciones presidenciales y peligra electoralmente el kirchnerismo hasta en la Capital Federal, le parece muy tarde para volver atrás y hacer que el tema de Entre Ríos retorne de otra manera a los titulares de la prensa argentina.

¿Por qué mencionamos a la prensa argentina? Porque quien haga un breve periplo por Buenos Aires y observe los quioscos de venta de diarios no verá casi en ninguna ocasión un titular vinculado a la situación protagonizada por estos piquetes en la provincia de Entre Ríos, a excepción en las últimas horas por el escandaloso intento en Puerto Madero que derivó en dos detenciones y el posterior e inadmisible corte de la ruta 14, que afectó a miles de argentinos, acción que estuvo a minutos de terminar en una batalla campal.

El tema de la lucha piquetera en Entre Ríos no existe para la prensa y, por lo tanto, tampoco para el pueblo argentino. El pasado lunes sólo los diarios uruguayos que se venden en Buenos Aires titulaban con lo ocurrido en uno de los cortes, en el cual la violencia verbal superó la habitual y algún alcoholizado «ecologista» se dedicó a insultar a los periodistas uruguayos allí presentes.

Además contamos de testimonios de lo que ocurre en el corte en la zona de Colón, donde antes de la semana de Turismo se aplicaban medidas esporádicas, que serían imposibles de mantener ni siquiera minutos si no fuera por la acción de la Gendarmería argentina que organiza el estacionamiento de los vehículos y, de alguna manera, evita su paso.

El piquete que actúa en esa ciudad, cuando no hubo efectivos de la Gendarmería como consecuencia de las elecciones provinciales, no se atrevió a cortar la ruta de y hacia Uruguay. Debemos decir que cuando el corte está planteado la Gendarmería argentina se comunica con la Prefectura uruguaya y, también en Uruguay, se organiza a los que quedan «trancados» por la acción intespectiva de los asambleístas piqueteros.

La mayoría de los sectores políticos argentinos tienen una visión bien clara sobre el significado demencial de este conflicto, de la profundización a que el mismo llegó como consecuencia de los reiterados errores del presidente Kirchner que ahora, en otra muestra de inconducente intransigencia, le impone a su canciller, Jorge Taiana, un hombre que en su fuero íntimo también debe tener las cosas claras, que reclame la relocalización de la planta de Botnia, lo que haría Argentina en la próxima reunión de Madrid, haciéndola obviamente naufragar.

Otro objetivo absurdo en esa espiral propiciada por el Presidente Kirchner, que a poco de los comicios, sigue acumulando errores, haciendo crecer a sus adversarios y regocijar a sus enemigos. La relocalización de una planta que ha tenido un costo de más de 100 millones de dólares, que está realizada en base a la más moderna tecnología para evitar todo tipo de contaminación ambiental, es un absurdo. Tanto como la escalada de sabotajes que los propios piqueteros anuncian y que, insólitamente, ya se han comenzado a introducir en el delito al intentar obstaculizar la navegación en el río Uruguay, con ridículas boyas.

El día que la prensa uruguaya se aburra de ellos, no publique más sus insultos y sus agresivas tonterías, dejarán de pesar como movimiento. Ya políticamente no existen para la opinión pública de la Argentina y el día que Kirchner razone y se ilumine, se dará cuenta de que para sus intereses estratégicos es mucho mejor una correcta relación con Uruguay, que el mantenimiento de este grupo de deteriorados militantes ecologistas, sin rumbo, a los que la totalidad de la sociedad argentina les dio la espalda.

Un movimiento piquetero asambleísta que desaparecerá, sin duda, el día que el gobierno vecino le ordene a la Gendarmería alguna tarea más productiva que la asignada en esa zona de la frontera con Uruguay y, simplemente, salga del camino.

Y por aquí no hay que dejarse de llevar por una psicosis basada en titulares de prensa.

No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale. *

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