Sobre el papel de las FFAA
Entre los innumerables temas de debate figura uno no menor: el papel de las Fuerzas Armadas en Uruguay. Ya nos hemos ocupado del asunto, saludando el inicio del diálogo entre diversos y variados actores sobre un tema especialmente delicado y sensible, que hasta hoy había sido tabú y que merece un tratamiento profundo.
En estos últimos días la polémica se ha centrado en un asunto en definitiva menor: la instrucción militar. Entendemos que el asunto es irrelevante pues la idea no es implantar el servicio militar obligatorio, y cuando se habla de proporcionar instrucción militar se sobrentiende que la misma será voluntaria, tal como ocurría cuando existía el Cgior. No creemos, por tanto, que la cosa pase por si es conveniente o no que los ciudadanos que así lo deseen tengan acceso a los rudimentos de la instrucción militar; en todo caso una propuesta de esa índole debería ser bienvenida.
Lo que sí hay que debatir en profundidad es qué Ejército necesitamos; qué características deberían tener las Fuerzas Armadas en un país de nuestras características. Definir el papel que deberían cumplir esas Fuerzas Armadas, así como analizar las hipótesis de conflicto.
Pero más allá de estos asuntos concretos y prácticos, es preciso revisar profundamente la formación que se imparte en los institutos de enseñanza castrense.
Los uruguayos padecimos durante doce años una dictadura cívico-militar cuyos efectos se sienten aun hoy. Pero debemos tener en cuenta que todo el horror del terrorismo de Estado, en el que los uniformados actuaron como brazo ejecutor de la política imperial y como celosos guardianes de los intereses de las clases privilegiadas, no se produjo porque sí ni hizo irrupción como consecuencia del golpe de Estado de junio de 1973.
Si bien el Ejército uruguayo no tomó como modelo al prusiano (como fue el caso de Argentina y Chile) sino al francés, después de la Segunda Guerra Mundial y específicamente durante la guerra fría, la influencia estadounidense ejercida a través de la tristemente célebre Escuela de las Américas convirtió a nuestros militares en verdaderos oficiales prusianos.
El verticalismo, la obediencia ciega, la unifomidad, la exaltación de la agresividad y del coraje mal etendido, la convicción de tener la sagrada misión de defender la civilización, la patria, la familia y la propiedad, la desconfianza en las instituciones democráticas y republicanas, el odio al intelectual que se permite la duda crítica, son todas características de la mentalidad militar en todas las latitudes.
Por eso es fundamental incluir en el debate sobre el papel de nuestras fuerzas armadas los programas de estudio y sus contenidos. Revisar a fondo los «valores» que se vienen inculcando en el cerebro de los jóvenes que ingresan a los institutos de formación castrense, de manera de formar ciudadanos y no autómatas de la obediencia y de la disciplina.
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