¿Una invasión a Uruguay?
El intendente de Río Negro, Omar Lafluf, informa que en recientes declaraciones los asambleístas de Gualeguaychú dicen que tienen la colaboración de los «carapintada» para derribar la chimenea de Botnia. Y un piquetero dice: «No vamos a invadir a Uruguay, al menos por ahora, pero ya los uruguayos que están con nuestra causa van a hacer lo suyo en territorio uruguayo».
En los próximos meses la situación se agravará mucho. Por un lado, terminarán las obras el 30 de setiembre y, por otro, se terminó el verano y los cortes ya no afectarán mucho a Uruguay hasta diciembre. Los cortes en Semana de Turismo los afectan mucho más a ellos, ya que es el único momento del año en que los uruguayos visitan Entre Ríos, porque en verano tienen las playas.
Además, el 28 de octubre son las elecciones argentinas y si un mes antes más o menos, resulta que la producción de Botnia no contamina, habrá mucho nerviosismo en el gobierno argentino, y pueden hacer algún disparate. Y no habrá contaminación, si se recuerda que Finlandia, un país pequeño, tiene 20 Botnias funcionando sin ningún problema.
Estratégicamente Uruguay tiene el respaldo de Brasil si se les ocurre invadirnos y desde 1827 el nacimiento de nuestra nación fue producto de un acuerdo entre Brasil y Argentina: el Tratado Preliminar de Paz. Hoy Brasil tiene 180 millones de habitantes y Argentina menos de 40 millones. Además de que Uruguay sólo tiene 3,30 millones, pero tenemos 180 o más años luchando por nuestra independencia.
Tácticamente, hoy debemos proteger las instalaciones de Botnia ante cualquier ataque, porque los piqueteros parecen ser hoy los que mandan en la Argentina. Y la presencia de nuestro ejército se hace ahora imprescindible.
Gualeguaychú está a 35 km de Botnia, mientras que Fray Bentos está a 5 km, donde no tienen miedo a la contaminación de las 23 fábricas que tiene a su alrededor, en lugar de crear un conflicto absurdo. O pedirle al gobernador Busti que aclare por qué Botnia no se instaló en Entre Ríos y si es o no cierta la versión entrerriana de que le ofrecieron 200 millones de dólares y él exigió 100 más. Y como Uruguay no cobró nada, ahora la culpa la tiene nuestro país.
La relocalización de Botnia podría costar entre 500 y 1.000 millones de dólares, que la empresa podría reclamar al gobierno uruguayo si éste accediera a hacerlo. Uruguay ha ofrecido el monitoreo conjunto de los dos países a las obras, pero Argentina se niega, lo que indica que el problema no es la contaminación, sino que Botnia no se instaló en Entre Ríos.
Cuando recuerdo a mi querida abuela entrerriana, siento un gran dolor, porque Entre Ríos, junto a ella, fue una parte entrañable de mi niñez.
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