Reforma del Estado, ¿cuál?
El gobierno ha anunciado a través de varios voceros y fundamentalmente por parte del propio Presidente de la República que este tema de la Reforma del Estado será prioritario este año. Y bien, el asunto no es nuevo y ya ha sido planteado de diferentes formas por gobiernos anteriores; en algunos casos concretos han habido avances y en otros no.
La cuestión es cuál es el contenido de esa reforma que ahora anuncia este gobierno. Cada vez más claramente los uruguayos, en su gran mayoría, advierten la necesidad de reformas profundas en la organización, en la estructura y en el funcionamiento del Estado uruguayo pero el tema es tan amplio que seguramente en el momento de definir el contenido del mismo habrá diferencias importantes.
Pero resulta claro, para todos, incluso para los integrantes del Frente Amplio que hoy tienen la responsabilidad de gobernar y por tanto están viviendo ya no los tiempos de la oposición cerrada sino los tiempos de dirigir y manejar la conducción del Estado, que necesitamos un Estado más eficiente, con mejor manejo de los recursos públicos, que sea más ágil y descentralizado, que pese menos sobre el conjunto de la sociedad uruguaya, que no ahogue al aparato productivo y que no esté tan trabado y hasta de rehén de intereses particulares o corporativos en perjuicio del interés general del país.
De ahí que habremos de seguir con mucha atención la marcha de este proceso que anuncia el gobierno y también la actitud oficialista respecto de las ideas o proyectos que el Partido Nacional tiene y propuso claramente durante la última campaña electoral.
Queremos apreciar si la anunciada reforma se va a referir sólo a aspectos de gestión del Estado y de su organización presupuestal o si habrá de ser más profunda e ir a cambios en su estructura misma.
Esta cuestión es vital para el Uruguay del futuro y junto con el tema de la inserción comercial y económica del país a nivel internacional, deben ser, en estos tiempos, las cuestiones más trascendentes a definir por un gobierno, pues los recursos escasos que tantas veces se vuelcan en cantidades más que importantes en determinadas áreas del Estado no siempre están bien utilizados y por el contrario se utilizan y se distribuyen mal y se pretende en forma errónea sustituir lo que debe ser una gestión eficiente, con camiseta puesta, por la simple asignación de más recursos que se retacean en otras áreas, a veces vitales, y que no son nunca suficientes o por lo menos satisfactorios para quien los reclama y hasta los exige.
Tal vez el mayor desafío para el actual gobierno sea pisar callos entre muchos de sus adherentes que integrando organizaciones sindicales claramente identificadas política e ideológicamente con sectores del propio Frente Amplio y que no advierten una realidad que sí la percibe quien tiene que tomar las decisiones como gobernante y ni que hablar aquellos, que pagan impuestos sobredimensionados y que protagonizan el verdadero país productivo que genera bienes y servicios que satisfacen las necesidades de los uruguayos y al mismo tiempo, traen las divisas que el país y la población necesitan.
Por todo ello es que importará mucho el contenido real que se proyecte detrás de la conocida y tan proyectada «Reforma del Estado» en sus aspectos institucionales, jurídicos, económicos y hasta culturales.
Otros países de la región lo han hecho, algunos bajo regímenes autoritarios, otros en medio de duras críticas y hasta frecuentes denuncias de corrup- ción, pero en definitiva dichas reformas han permitido a los gobiernos actuales, de orientaciones de izquierda, poder manejar sus políticas económicas y de mayor equidad social sin caer en los riesgos de los déficit crónicos que históricamente los llevaron a caer en situaciones de hiperinflación y desestabilización primero en la economía y después en sus propias instituciones políticas y sociales. *
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