Profundas discrepancias
El doctor Julio M. Sanguinetti habría expresado en entrevista virtual al diario El País de España: «Nosotros somos batllistas, creemos en la justicia social y no en la dádiva que es lo que está haciendo el gobierno. Está dando limosna a los más pobres, no los ayuda a capacitarse y congela así la pobreza. No se debe regalar pescado sino enseñar a pescar. La pobreza se combate primero que nada con educación». Quizás estas afirmaciones hayan sido sacadas de contexto, en cuyo caso esta nota debe darse por no escrita. Caso contrario van algunos comentarios que la relevancia intelectual y política del doctor Sanguinetti me obligan a hacerlos.
No es compartible que se diga que el gobierno está dando cosas a los pobres porque sí, «graciosamente», según el significado de dádiva de acuerdo con el diccionario. ¿Cómo no vamos a estar de acuerdo con la necesidad de hacer justicia social en vez de otorgar dádivas o limosnas? Pero, mientras llega la misma, que como toda utopía, tanto se nos corre hacia el horizonte tanto nos hace caminar hacia adelante, lo cual no significa que sea una quimera, ¿qué deberíamos haber hecho con el millón de pobres, cifra realmente insólita para nuestro país, que nos legaron los gobiernos anteriores? ¿Dejarlos morir por inanición?
Todos los uruguayos deberíamos coincidir en que ojalá no hubiera necesidad de políticas asistenciales. Pero si hay que hacerlas, las mismas no obstan a la existencia de programas estructurales de fondo, de mediano y largo plazo. Por el contrario, mientras sean necesarias, serán complementarias y no contradictorias con dichos programas.
Fue precisamente el batllismo el que introdujo en su época un nuevo tipo de consumo destinado a la tutela y promoción del ser humano. Que le discutió a los ricos de la época una cuota creciente de su riqueza para redistribuirla a los más necesitados. Y eso no excluía atender, además de lo inmediato, las políticas de largo aliento, de la cual formaban parte el Salario Mínimo, la limitación de la jornada laboral, los descansos pagos y obligatorios, jubilaciones y pensiones, todo lo cual tornó posible que fuéramos catalogados la Suiza de América, categorización que, dicho sea de paso, nunca me gustó.
En cuanto a dádivas y limosnas, las cifras de crecimiento del empleo, baja de la desocupación, crecimiento del ingreso individual y de los hogares, ¿no significan nada, pueden ignorarse olímpicamente? ¿No es eso transitar hacia la justicia social? Y ¡oh paradoja!, una de las herramientas que ha utilizado el actual gobierno para el logro de dichos resultados fue creada, para ejemplo de América, durante un gobierno colorado: el del doctor Amézaga, en 1944.
No dar pescado sino enseñar a pescar, se expresa. Me limitaré a mencionar acerca de capacitación, un ejemplo entre muchos, por demás elocuente: Botnia, ámbito empresarial en el que existe un acuerdo marco entre todos los sectores para concretar actividades de capacitación, producto además de una declaración de interés ministerial del Ministerio de Industria y Energía relativa al tema. A lo que se agrega cronograma de cursos, integración de una comisión intersectorial de seguimiento, supervisión y evaluación de los mismos.
Finalmente, discrepamos con los conceptos sobre Derechos Humanos referidos a que el gobierno ha cometido un profundo error al juzgar a los violadores de los mismos. Benedetti, aludido en sus comentarios y calificado como leninista, ha dicho: «El rencor y la venganza inferiorizan. La justa sanción de la tortura y otras violaciones de los derechos humanos dignifican a la humanidad». Por eso hay militares y civiles presos, lo que era impensable años atrás. No hay necesidad de ser leninista para creer en esas cosas, calificativo que por otra parte habría que discutir. En otra ocasión quizás. Por otra parte, será el propio escritor el que decidirá o no contestar. Por todo lo anterior va lo del título. *
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