El relevo de Eduardo Zaidensztat
Uno de los funcionarios que, sin discusión, protagonizaron durante lo que va del presente gobierno una gestión más correcta fue el director de la Dirección General Impositiva (DGI). Eduardo Zaidensztat, que a partir de ayer fue sustituido en el cargo por quien era su segundo, el también contador Nelson Hernández. Durante los dos años que estuvo al frente de ese organismo, a los que se le deben sumar los que corresponden al gobierno anterior en el cual ocupaba la misma responsabilidad, Zaidensztat logró algo muy importante en el país: un profundo cambio cultural.
Aquí, como todos recordarán, el vicio del no pago, eludir las obligaciones impositivas, buscar subterfugios de todo tipo para no liquidar las sumas que marcaban la ley eran lugares comunes, era la cultura extendida entre los contribuyentes grandes, medianos y pequeños. Incluso se había instituido una especie de complicidad explícita con funcionarios de la propia DGI, que pasaban de su oficina en el organismo recaudador a estudios contables en donde asesoraban o «arreglaban» las cuentas de los contribuyentes. Sobre el punto se dieron sonados casos que tocaron hasta a las más altas jerarquías de ese organismo.
Zaidensztat, desde su ingreso mismo al organismo, comenzó a luchar por una reestructuración a fondo del organismo con el fin de jerarquizar a los funcionarios y a la vez terminar con todo tipo de doble tarea, concretando el régimen full time con el cual se fue terminando el funcionamiento absolutamente deficiente de aquellos funcionarios que trabajaban en los dos lados del mostrador.
También el jerarca impulsó a la DGI a una estrictez inspectiva, sin tener en cuenta el poder económico de la empresa a investigar, ni las vinculaciones políticas de sus directivos, que también fueron ejemplares. Las cifras de la recaudación lo demuestran, casi 5 mil millones de dólares en los dos últimos años de acción, superando en casi 2.300 millones de dólares lo recaudado en los dos años anteriores. Tanto la DGI como el BPS son dos claros ejemplos que exhibe este gobierno de eficiencia, buena administración y docencia contributiva.
Por supuesto que a la eficiencia renovada de la DGI, al cambio de la cultura del no pago por la de pagar que impuso Zaidensztat, se sumó el período de crecimiento espectacular que vive el país. Esos mismos números no hubieran sido posibles en otra situación, pero, igualmente, es un deber reconocer que el organismo recaudador ganó en eficiencia y, lo que es más importante, en un manejo absolutamente alejado de otras consideraciones que no fueran las vinculadas estrictamente a su función específica.
Zaidensztat estuvo al frente de la DGI desde el 30 de agosto de 2002. desde que fuera nombrado durante el gobierno del doctor Jorge Batlle, siendo el ministro de Economía Alejandro Atchugarry. Al asumir la presidencia de la República el doctor Tabaré Vázquez, Zaidensztat accedió a continuar en el difícil cargo a propuesta del ministro, Danilo Astori.
Fueron años de una labor intensa y difícil que, más allá de banderías políticas, todos le deberían reconocer, porque este hombre se puso al hombro un organismo difícil que además representa la boca de ingreso de recursos para el Estado nacional. Y la tarea la cumplió muy bien, sin sombras, pese a algunos enfrentamientos mediáticos indeseables que tuvo.
Con Zaidensztat se fue un excelente funcionario, un hombre honrado y capaz, a quien se le encomendó una tarea compleja que supo resolver para bien del país. *
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