Homenaje a Wilson y respuesta al doctor Jorge Batlle

El 15 de marzo se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento del caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate, al que homenajeamos en el Cementerio del Buceo, como en el año 2006, recordando su proyecto nacional, popular y progresista. Le rendimos tributo emocionado y compartido espiritualmente con todos los uruguayos, sean del partido que sean, porque Wilson es de todos.

Luchó contra la dictadura de Bordaberry y los militares en 1973, y contra las que la precedieron. Promovió la reforma agraria, la nacionalización de la banca y del comercio exterior en su programa «Nuestro Compromiso con Usted». Sufrió el fraude electoral en las elecciones de 1971, que fueron impugnadas ante la Corte Electoral por el Partido Nacional. Fraude confirmado por los documentos norteamericanos desclasificados en 2002. Luchó contra los gobiernos de Pacheco y Bordaberry. Enfrentó desde el principio, en 1972, la insurgencia cívico ­ militar. La noche del golpe del 27 de junio de 1973 gritó en el Parlamento que sería «el vengador de la República».

Sus esfuerzos desde el exilio determinaron que llegara a las elecciones de 1984 proscripto, preso y silenciado, único líder político en esas tres circunstancias. Murió de dolor por haber tenido que hacer lo que no quería, para que las instituciones no corrieran peligro de nuevo. Fue despedido por todo el pueblo oriental, sin distinciones.

Fue un caudillo que siguió la tradición integradora hispano americana, iberoamericana y antiimperialista de Manuel Oribe, Aparicio Saravia y Luis Alberto de Herrera.

Muy otra es la trayectoria de sus adversarios.

Hace pocos días, un ex Presidente de la República, el doctor Jorge Batlle, hizo la apología de la intervención norteamericana en el Uruguay, en 1904 y 1950, agraviando implícitamente la memoria de Aparicio Saravia y Luis Alberto de Herrera. Ante esto, nosotros, los blancos, no podemos callar mansamente. Wilson no hubiera callado. Su réplica hubiese sido fulminante. Y nosotros tampoco callamos. Condenamos la intervención de la flota de guerra norteamericana en el Uruguay durante la revolución Saravista de 1904. Condenamos la llegada al Puerto de Montevideo de los Buques norteamericanos con 1.218 marinos enviados por Teodore Roosevelt, el Crucero «Brooklyn», el «Atlanta», el «Castine» y el «Marietta», y el desembarco de los marines el día antes de la paz de Aceguá.

Como señalaba Carlos Machado, Teodore Roosevelt le dijo a Batlle durante una visita al Uruguay en 1913: «Estoy informado de todo cuanto se hace aquí y le presto mi aprobación completa. Usted y yo somos del mismo partido. Usted hace lo que yo digo que debe hacerse. Es así como hay que proceder». Recordemos que Wilson decía «somos antiintervencionistas». Y la intervención norteamericana en 1904 da comienzo al giro de los gobiernos uruguayos del 900 desde la dependencia del poder inglés a la hegemonía de la «Nueva Roma», como le llamó Herrera a la naciente potencia norteamericana.

Con la memoria viva, permaneceremos vigilantes ante los acuerdos con el Comando Sur, y las negociaciones para la instalación de un Centro de Entrenamiento para Tropas Multilaterales en el Uruguay, que podrían llegar a encubrir una Base militar norteamericana en nuestro país. Como Herrera y Haedo, y como Wilson que les rindió homenaje por ello, no queremos que en nuestra tierra haya bases jamás, como las hay en otros países de la región, ni queremos que se entrenen soldados que puedan convertirse en tropas de ocupación, que asesinen civiles inocentes como en Irak o Afganistán. Porque como decía Wilson «…nuestros mayores enemigos no son los gringos, sino nuestros compatriotas con alma de gringo».

Gracias a las desafortunadas declaraciones del ex presidente de la República quizás logremos romper el silencio sobre aquella y otras intervenciones extranjeras en nuestro país. Y quizás logremos introducir estos temas, olvidados por la historia oficial, en el debate educativo. Queremos que no solamente se discuta sobre la historia reciente, que mucho nos importa porque es la de Wilson, sino sobre toda la historia nacional en la región como forma de fortalecer nuestra identidad. Wilson decía: «El fin esencial del Estado es afirmar la identidad histórica de la comunidad nacional».

Queremos saber la verdad, toda la verdad. Queremos que se difundan y discutan los documentos norteamericanos desclasificados en 2002 sobre el fraude electoral en las elecciones uruguayas de 1971. ¿Estará esto incluido en los futuros manuales de historia reciente? Esperemos que sí.

En el contexto del fraude de 1971, apoyado por poderes extranjeros, nuestros compatriotas comprenderán mejor la génesis del golpe de Estado del 73, y el pedido de Wilson ante el Congreso norteamericano para que cesara el apoyo de ese gobierno a la dictadura militar uruguaya.

Wilson vuelve y nosotros volvemos a él. *

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