No seguir en la actual indefinición

Es interesante que los uruguayos de todos los sectores nos pongamos a definir cuál es nuestro papel en el Mercosur. No es posible seguir en la indefinición actual de plantearnos a cada paso el abanico de posibilidades que van, desde mantener la plena integración, o seguir especulando con cambiar el estatus, para tener libertades comerciales ahora restringidas por la llamada unión aduanera, o lisa y llanamente irnos del acuerdo regional, firmar un TLC con EEUU y comenzar a jugar un partido en un campeonato distinto.

En lo que no se puede seguir es en la indefinición marcada, además, por las visiones encontradas que se verifican hasta por los propios integrantes del gobierno. Unos afirman que quieren «más y mejor Mercosur», mientras otros ven con buenos ojos una negociación a fondo con EEUU, con el fin de solucionar problemas que, evidentemente, son afligentes. Mientras todos sigamos en ese tironeo, una especie de tire y afloje permanente, unos en el campanario y otros en la procesión, el país seguirá sin tener claras muchas cosas que son imprescindibles a esta altura.

Parece evidente que el papel que tiene asignado Uruguay en el Mercosur por los países grandes, es un lugar de partiquino. Argentina, que quiere ser el gran productor de materias primas y Brasil, que encabezaría la industria en el continente, quedando para Uruguay el lugar de producir carne y brindar servicios de turismo. Esa es la visión extendida en los países grandes que, cuando en nuestro territorio ocurren hechos distintos, como la inversión de más de mil millones de dólares en una planta de celulosa y el anuncio de nuevas inversiones de igual y mayor magnitud, además del desarrollo en otros sectores que asombran, aparecen las políticas de freno.

Los países mayores del continente nunca imaginaron, en sus visiones geopolíticas, que Uruguay, el país más pequeño del Mercosur, podría convertirse rápidamente en un área disputada por los inversores que buscan lugares favorables para la producción industrial.

Pero para que ello ocurra realmente en el país tienen que darse definiciones bien claras. No es posible que se sigan manejando tantos caminos distintos, visiones diametralmente opuestas, que en definitiva son paralizantes. Porque, además, cada camino a emprender tiene sus riesgos y, por supuesto, se deben pagar costos que ya debieran estar siendo medidos fehacientemente.

Definiciones todas ellas que exigen, por supuesto, largas negociaciones especialmente en el marco del Mercosur que, de antemano y por razones geográficas, parecería el ámbito natural para el desarrollo del país.

Claro, siempre y cuando se buscara una solución a las enojosas asimetrías entre los países que hoy día están determinando que en el comercio interregional de Uruguay con los dos países limítrofes, justamente los mayores del Mercosur, el déficit comercial sea negativo en mil millones de dólares.

Y, por supuesto, si se superara la visión casi imperial que tienen los países vecinos que han dividido la zona asignándole a cada funciones específicas, sin valorar que la misma está integrada por naciones independientes, soberanas, que quieren salir adelante y que tienen pueblos que no quieren vegetar en la mediocridad, sino construir una sociedad digna, justa y próspera. *

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