La izquierda en el gobierno y la derecha en el poder
Realidades. Culminados dos años de gobierno frenteamplista, el doctor Tabaré Vázquez se dirigió a la población en un acto trasmitido a todo el país que convocó, en Montevideo, decenas de miles de adherentes. Los números que fundamentan el «vamos bien» no han sido controvertidos, el presidente exhibe índices de popularidad y apoyo a su gestión desconocidos en períodos anteriores. De acuerdo al camino trazado por el gobierno y especialmente al rumbo fijado por el equipo económico liderado por el contador Danilo Astori, «vamos bien».
Dudas. Desde diferentes ámbitos se plantea que vamos bien, «los grandes números» dan bien, pero ¿hacia dónde vamos? En parte, el gobierno, la oposición, los sindicatos, las cámaras empresariales y el cooperativismo ven con preocupación aunque de signo bien diferente el futuro que nos espera.
El Frente Amplio no se define como «anticapitalista» y mucho menos se le puede considerar un partido «socialista». Pero la oposición y las cámaras empresariales tienen temores de que ése sea el rumbo. El Presidente dijo: somos antioligárquicos y antiimperialistas. Esa contraposición, con la esencia del capitalismo, es quizá la que origina buena parte de las dudas. Además, la lógica del capital no reconoce normas éticas, mientras que el gobierno pretende instalar en la conciencia colectiva la necesidad de regir la nueva convivencia sobre aspectos sustancialmente justos. Este ideal de justicia, si se considera en todas sus dimensiones, implica por la vía de los hechos una postura intrínsecamente anticapitalista.
El ministro Astori, que apuesta a un modelo de inserción internacional, bien visto por esa oligarquía con la que se supone el gobierno está enfrentado, defiende un modelo de crecimiento en base a la inversión extranjera, que camina en el mismo sentido. Además reclama que alguien le muestre «el otro modelo».
Que a la izquierda le generen dudas y debates estas cuestiones, no puede llamar la atención de nadie. Los gestos. En el marco de esas consideraciones previas, cada gesto es analizado con pasión no exenta de prejuicios y con la dificultad adicional que implica el funcionamiento del Frente como fuerza política. La riqueza de la diversidad debe ser bien administrada, para que un partido pueda marcar rumbos sin perder identidad. Desafío especialmente importante, en una fuerza que reivindica con tanto énfasis la legitimidad del debate interno.
Parece imprescindible no descuidar «gestos» que tienen que ver con la forma en que se enfrentan las situaciones de cuestionamiento a la gestión. Hay que reconocer prestamente los errores, sancionar severamente los desvíos, eliminar cualquier forma de corrupción, sin admitir que puede haber «corrupciones pequeñas» comparadas con episodios de períodos anteriores. Los gestos son esenciales para superar el desafío que plantea la comunicación: además de hacer un gran gobierno, hay que mostrar que se lo está haciendo, hay que lograr que ser y parecer marchen juntos, algo nada sencillo cuando una fuerza política se mueve en el terreno hostil de los grandes medios. Es responsabilidad del Frente saber transformar la transparencia de la gestión en un escudo inexpugnable y la humildad en una espada, para el combate de ideas.
Cuidar los «gestos» que se hacen desde esferas del gobierno es cada vez más necesario, porque algunos pueden ser interpretados de forma equívoca. Ayer el Presidente se besaba con «la señora Arroz», hoy tiene pensado salir de pesca con el «Señor de la Guerra». Es sólo la cordialidad del bolichero de barrio, ésa que tiene una sonrisa para el buen vecino y para la donosa señorita, así como para el «lacra» haragán que resulta insoportable. El comercio sí tiene mucho de ideología y de política; mientras que «lo cortés no quita lo valiente…pero tiene sus límites.
La presidencia del Frente quizás un problema menor ha sido uno de los temas en ese debate. Nadie cuestiona la capacidad del ingeniero Jorge Brovetto para desempeñarse como ministro, o como presidente del Frente. Ha cumplido las dos tareas con solvencia, pero desempeñar ambas simultáneamente resultó complicado.
Para el Frente puede ser importante elegir un nuevo presidente de forma adecuada. Hacerlo podría ser un «gesto» significativo. Especialmente si alguien como el ex diputado Guillermo Chifflet fuera propuesto para ese cargo. Un gesto que una gran parte de la militancia seguramente valoraría en toda su dimensión.
Futuros. Es altamente posible que este período de gobierno sea seguido por otra victoria electoral del Frente. Pero el próximo presidente enfrentará una derecha más virulenta en su oposición y desafíos en el panorama internacional no menores a los que tiene el actual. Ambos aspectos se incrementarán notoriamente en la medida en que el actual gobierno tome medidas antioligárquicas y antiimperialistas, o sea, en la medida en que su política sea anticapitalista. Ordenar las cosas, para comenzar a procesar cambios de fondo, puede ocupar estos cinco años; después la dinámica social llevará naturalmente al planteo de otras alternativas.
El problema más importante está en definir hacia dónde se quiere caminar, no en elegir un candidato, como parecen creer algunos. Candidatos hay varios, lo importante es el proyecto.
Entre los intendentes frentistas hay algunos posibles futuros candidatos; los hay entre los legisladores y las legisladoras, y en otros ámbitos. Si el proyecto está primero que las aspiraciones personales y es bien definido, no puede haber problema alguno.
Para esas decisiones es imprescindible repotenciar a la fuerza política, relanzar el debate, legitimar el disenso y ayudar a la mejor organización de la sociedad, democratizando el poder. Todo eso significa, requiere, desprendimiento individual, un cambio fundamentalmente cultural. Porque la norma hasta ahora ha sido que cada uno se aferra a su parcela de poder, no importa lo insignificante que sea.
Y cuando se tiene mucho poder, la tentación autoritaria del personalismo está allí nomás, a un paso. *
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