La globalización financiera y la bonanza uruguaya
Se está planteando una difícil situación mundial que tiene como elemento espectacular la caída de las bolsas de todos los países del mundo, como resultado de una serie de rumores que tuvieron dos epicentros bien claros. Uno China, que trata de enlentecer el crecimiento de su economía por miedo a un malsano recalentamiento que pueda determinar que diversos factores no se puedan dominar, para lo cual tratan de enlentecer el movimiento de capitales. El otro epicentro, coadyuvante, es la situación de Estados Unidos que muestra persistentes indicios de desaceleración de la economía, indicando algunos economistas que el factor central desencadenante de la gigantesca crisis, o turbulencia, tiene que ver con la situación que atraviesa el sector inmobiliario del país del norte, en que la llamada «burbuja» que lo sostenía se ha ido desvaneciendo.
Lo que mostró la reciente turbulencia, con caídas generalizadas y preocupación coincidentes de los ministros de Economía de todo el mundo, es la creciente globalización financiera existente. Los mercados financieros mundiales siguen marchando juntos y por lo tanto es previsible que la desaceleración norteamericana se refleje en otros países.
Por ello, pese a la pequeñez de Uruguay y a la vulnerabilidad de su economía, es correcta la política de seguir aumentando el volumen de las reservas internacionales como manera de protegerse de la inestabilidad externa. Sin embargo, parecería adecuado, que también se intentara una rápida política de reducción de las tasas de interés a niveles posibles de mercado, con el fin de estimular el crecimiento.
Lo que parece ingenuo es pensar que la economía mundial seguirá creciendo indefinidamente y el actual nivel de exportaciones que tiene el país de mantendrá o incrementará en el futuro. Si en el país no se tiene la habilidad de incorporar trabajo nacional a las materias primas, sin en lugar de exportar carne, lo hacemos con productos semielaborados o elaborados, el cimbronazo sobre la actividad económica será distinto al histórico, reiteradamente ocurrido en nuestro pasado.
Quien quiera encontrar los esqueletos de las industrias florecientes de la década del 50, cuando el mundo nos compraba carne y lana a niveles importantes, entenderá de los que hablamos. Porque las actividades dedicadas sustancialmente a la exportación son, obviamente, las más vulnerables a los cambios coyunturales y no así, aquellas que tienen mano de obra nacional incorporada y que además tienen una pata firmemente asentada en el mercado interno.
Sin embargo los uruguayos hemos tropezado más de una vez con la misma piedra, sin diversificar su producción, como hizo Chile, para poder insertarse en otros nichos de mercado que no sean los tradicionales que pueden cambiar de un día para otro.
Por ello la explosión en las bolsas de todo el mundo, ocurrida la semana pasada, es un llamado de alerta. ¿Es que China en realidad quiere enlentecer su crecimiento, temiendo que su economía se vuelva inmanejable y reaparezca la inflación o las crisis sistémicas? ¿Cuál es la real cuantía del las deficiencias que se verifican en le economía norteamericana, que profundidad tienen?
Sobre el punto el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, habló de una posible recesión en EEUU y coincidentemente los mercados mundiales se derrumbaron. Un proceso, que según el gurú de la economía, comenzaría a visualizarse sobre fines del presente año.
¿Uruguay no tendría que analizar esa situación? ¿O es que se estima que nuestra bonanza está plenamente afirmada en un basamento interno que lleva al país a un desarrollo sostenido? *
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