La lengua no es de trapo

Idioma y racismo

No se han acallado aún los ecos de las reacciones que provocó el doctor De Posadas cuando no encontró mejor calificativo para referirse a un debate educativo que él reputa como desordenado, caótico, confuso e inconducente, que la expresión «merienda de negros».

No pretendo justificar a De Posadas ni mucho menos suscribir su opinión sobre la enseñanza. Pero debemos convenir que a diario usamos expresiones cargadas de racismo y xenofobia sin tener conciencia de ello. Claro, cuando hablamos, no tenemos presente la etimología de los vocablos, es decir su origen. Sin ir más lejos, no sabemos que la palabra «vinagre» tiene su origen en la expresión «vino agrio»; o que «pesadilla» (que los catalanes dicen con lógica malson, mal sueño), ese ensueño angustioso que lo hace a uno gritar y despertar sudoroso, no es otra cosa que un diminutivo de «pesada», probablemente porque solemos tener malos sueños cuando la cena nos cae pesada.

Recordemos, también, que «asesino» proviene del árabe y significa bebedor de hachís. Su nombre se debe a que cuando los miembros de la secta de los hassasii (asesinos) debía cumplir una misión especial (asesinar a algún enemigo, por ejemplo) los hacían fumar hachís para que fueran más dóciles y estuvieran mejor dispuestos a sacrificarse.

Y esta expresión empleada por De Posadas no es sino una de las tantas que registra nuestro idioma que hacen referencia a los negros. El amigo Loriente me ha hecho llegar una serie de frases, locuciones y expresiones en que aparece el vocablo «negro» referido al individuo de la raza africana y que invariablemente reflejan el desprecio o el menosprecio por esa raza.

Empecemos por la muy común «hacer cosas de negro» como sinónimo de chambonadas, errores o metidas de pata. Sigamos con la no menos racista «boda de negros» para aludir a una función en que hay mucha bulla, confusión, grita y algazara. Tenemos luego la comparación «como negra en el baño» cuando queremos expresar que alguien se comporta con entono y afectada gravedad. Y cuando alguien nos destrata o nos habla con desconsideración, podemos reprenderle diciendo «¡No somos negros!».

Pero creo que el colmo de toda esta sarta de expresiones racistas es la que se emplea para expresar que se ha obtenido poco provecho de escuchar o leer algo que no se entiende: «Sacó lo que el negro del sermón».

Como puede apreciarse, el ingenio del pueblo español ­que es el verdadero creador del idioma­ no tuvo empacho en denigrar a esos individuos desterrados de sus pagos y vendidos como esclavos en el imperio colonial.

Viendo estas expresiones puede fácilmente notarse que para la mentalidad media de aquellos tiempos, en el individuo de raza negra confluían todos los atributos negativos: torpe, ignorante, excesivamente bullanguero, pretensioso, incapaz, duro de entendederas.

­Como dijo Martín Fierro: «a los blancos hizo Dios, a los mulatos, San Pedro/y a los negros hizo el Diablo para tizón del infierno»… No es por nada, Mendieta, pero el racismo no es exclusivo de los peninsulares, ¿vio?

­Tiene razón, ¡qué lo parió! *

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