Sobre la ley y el desorden de Constanza Moreira
Felicitaciones a Constanza Moreira por su excelente nota «La ley y el (des)orden». No es del caso insistir acerca de si la Justicia es «la ley del más fuerte» o si «las leyes existen para proteger a los más débiles». Su lectura es suficiente, y motivante, además. Se me ha preguntado reiteradamente: «¿Es cierto que el MTSS ha inclinado la balanza de las relaciones laborales a favor de los trabajadores?» «Sí», he contestado. A la vez he repreguntado: «En los últimos 15 o 20 años previos al nuevo gobierno, ¿se negociaba colectivamente, había Consejos de Salarios, no se perdían derechos laborales y de seguridad social, no se perseguía o se despedía por motivos antisindicales?» ¿Y qué hay que hacer cuando una balanza está desequilibrada hacia un lado? Presionar para nivelarla.
Nadie puede llamarse a sorpresa. Lo dijimos el 31 de enero de 2005 ante empresarios y trabajadores: vamos a promover la libertad sindical, convocar los Consejos de Salarios incluidas la actividad rural y la doméstica, jamás tenidas en cuenta durante los más de 60 años de vigencia de la ley de Consejos de Salarios, promover la negociación colectiva, reforzar la IGTSS, restablecer un equilibrio que luego de más de 15 años se había perdido. Y eso significa igualar lo desigual. Nada más ni nada menos.
Nos enseñaron en la cátedra de Derecho Laboral de la Universidad que no era lo mismo el contrato de trabajo que cualquier otro, tal como se llegó a sostener en los años de flexibilización y desregulación laboral. Nos enseñaron que al ser desigual el poder en la relación entre empleadores y trabajadores, obligaba a buscar equilibrios. De ahí la necesidad de sindicatos fuertes, de la huelga, de la negociación colectiva, del principio protector, etcétera.
Es lo que explica en gran parte el origen del Derecho del Trabajo. Por algo existe el artículo 53 de la Constitución de la República, que dice que «el trabajo está bajo la protección especial de la ley». Por todo esto algunos, en un exceso que no merecería comentarios, han puesto en nuestra boca afirmaciones tales como que los medios de producción deben pertenecer a los trabajadores.
¡Por favor! Seamos serios. No estamos para perder tiempo. Y por favor: no estoy refiriéndome a todos los empresarios. Sólo a los irresponsables.
Nos dice Constanza: «El Estado puede cumplir un rol en las relaciones capital y trabajo que vaya más allá del mero arbitraje. La flexibilización fue parte de un discurso que llevó a que la situación laboral empeorara en casi toda la región». ¡Si tendrá razón! Podrá discutirse cuál es el papel del mismo en la sociedad, pero si existe un ámbito en el que es indiscutible su intervención, es el de la relaciones de trabajo, igualando lo desigual. Si algo caracteriza a este gobierno no es precisamente la promoción de la flexibilidad y el abstencionismo estatal. La relación entre empresarios y trabajadores era más que de trabajo, de poder. Las consecuencias de la década de 1990 son demasiado crueles como para no insistir. Y también es claro que así como queremos sindicatos fuertes también necesitamos empresarios fuertemente organizados, lo cual hoy es notorio. Ese doble cimiento fortalece el sistema de relaciones laborales, ese que el MTSS pretende sistematizar y cuyas reglas aspira a aclarar en el Compromiso Nacional.
No queríamos ganadores ni perdedores hace 15 o 20 años. Tampoco los queremos hoy. «El progreso sólo es tal si promueve la distribución equitativa de la riqueza, sin la cual la libertad sólo es patrimonio de pocos y una ilusión para la mayoría», ha dicho el doctor Barbagelata. Aunque somos conscientes de que la lógica de la competencia en la que se está muchas veces deja el tendal.
Por último, en un exceso de prudencia y madurez, Constanza expresa que el conflicto «puede ser positivo». Creo que debió decir que lo es. Si así no fuere, ¿en qué sociedad viviríamos? Más vale ni pensar. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad