Leer para saber y para todos los gustos

Insensato, sí, esa fue la palabra que a través de los años recuerdo me adjudicó delicadamente un periodista al dejar yo mal estacionado el coche en la puerta de su casa, no me gritó, no me insultó, ni siquiera se molestó en agredirme, de hecho, se limitó a dejar en el parabrisas una nota compuesta con esas nueve sílabas.

Y estuvo bien empleada, tan bien que a tantos años todavía lo recuerdo, y sus efectos han tenido la virtud de introducirme en el camino de la tolerancia, el del respeto, y la abstinencia en cuanto al uso de la fuerza, y la irresponsabilidad en su más amplia expresión.

Hoy, frente al uso desmedido de palabras empleadas por hombres de gobierno, profesores, políticos de todos los partidos y movimientos políticos, medios de comunicación etc., dichas con una soltura capaz de aplanar a la propia Academia Española, tales como apoyatura, encargatura, fiscalería, se dan la mano con la también sesuda aparición de la politología donde se analiza con los más sofisticados sistemas que no nos atrevemos a nombrar, los temas sociales y políticos que nos aquejan, dejándonos bastante amedrentados.

También aparecieron los técnicos, hay técnicos para todo, hasta para exportar, nadie sabe cómo aparecieron pero están y cuando las respuestas se hacen resbalosas, sin ningún prurito se acude a ellos, quizás en busca de la palabra salvadora.

Ya quisiéramos que los politólogos, palabra conexa con politología, y los técnicos o tecnócratas, y podríamos agregar todo el sistema político, en forma muy particular descifren el título que da pie a este texto.

Ahora debemos agregar una palabra más: facilitador, la persona que gestiona en determinadas oportunidades el acercamiento de partes o el acceso a determinados lugares y estamos de acuerdo y seguros que se puede aplicar en muchas situaciones.

Y aquí nos detenemos, porque entre tantas categorías y entre tantas palabras nos olvidamos, de la palabra Soberanía que es para tener en cuenta, y que viene al caso con un peso enorme frente a el problema de conocimiento público, papeleras, pasteras, en un conflicto del que todos sabemos la implicancia que tiene de carácter económico, ambientalista, pero fundamentalmente político para nuestros vecinos,

El gobierno uruguayo ha brindado hasta por demás garantías a nuestro litigante y socio, Argentina, le ha brindado todas las seguridades habidas y por haber, darles el valor que tienen, corresponde al país mencionado.

País éste, al que siempre hemos llamado hermano, pero que ya no volverá a ser el único y válido contacto que quedará, será el que tenemos todos los rioplatenses, el contacto de los pueblos indivisible e inseparable, por lazos de sangre, culturales, y deportivos y el mate, quedan afuera los sectores políticos.

Solidarios, lo hemos sido siempre. La disputa por las Islas Malvinas con los ingleses nos encontró con el brazo estirado y la mano abierta, dimos lo que teníamos y no discutimos demasiado hacia dónde inclinarnos; estamos tranquilos porque si hubiésemos tenido más, hubiésemos dado más.

El tiempo nos agarró a contramano cuando se fijaron los límites, y condiciones, sobre el criterio de aguas profundas para legitimar el derecho territorial de cada país y que nosotros no teníamos la obligación de aceptar.

Se hizo de espalda al pueblo entre gallos y medianoche, nadie entendía nada y el que entendía se calló, y graciosamente le entregamos sin protesta a Argentina el 80% de nuestras aguas, y nos llevaron también graciosamente la Isla Martín García, un poco más y los tenemos manejando ese criterio dentro del río Negro. Sobre este tema sí que habría que pedir la revisión del acuerdo internacional.

La palabra del gobierno está dada; si no se cumple con lo afirmado y garantido, se terminó la pastera, papelera o como se llame, el país vecino toma y le da crédito a esta posición o lo deja, único diálogo posible, ir más lejos es y será humillante.

Terminemos entonces con los gestos, la guiñada de Kirchner, la señal del dos de Tabaré, la agachada de Astori, la mata de Lula como en partida de truco, y terminemos también con los promotores de diálogos que no conducen a otra cosa que complicar más la situación, y con todas las palabras que sacan de apuro, y de quienes las emplean, fuera del contexto familiar.

Este es un problema de gobierno, el cual ya dio su palabra; quienes sanamente consideran que sus intervención traerá consigo la solución final, lo único que lograrán es seguir hablando de un tema ya laudado, irreversible, convirtiéndolo en descomunal.

Este tema no se arregla en mesa de negociaciones… sí, es un tema que caerá por sí solo cuando surjan las primeras alarmas o evidencias, dejémoslo ahí, no dando más elementos ni importancia a piqueteros y demás, los va a matar el desprecio y el silencio de un pueblo sufrido y solidario como el uruguayo. En definitiva todo esto se ha convertido en un simple y sencillo diálogo de sordos, cada cual con sus intereses políticos y de soberanía.

Somos contrarios a hacer valer nuestros derechos fijándonos en que Atucha 1 está a 75 kilómetros de distancia y es peligrosa a 100 kilómetros, no miremos ni pensemos en las papeleras de ellos, ni la suciedad del río como excusa, para tener lo nuestro, sino miremos simplemente a nuestro país, y respetando los derechos del vecino… somos soberanos.

Sucede solamente a veces, que por mirar la cometa no vimos que le habían cortado el hilo; mucho de papeleras, pasteras, fábricas de papel, mucho de contaminación, mucho de piquetes ambientalistas, y no nos dimos cuenta que la que sufre es la tierra, donde está nuestro alimento, y no sabemos que en Australia y otros países, los páramos, desiertos y tierras áridas, alguna vez dieron agua sin límites y albergaron a los amigos eucaliptos.

Habrá que ir pensando entonces que para nosotros, jugados a este tema, por lo menos nos quedará la posibilidad de parar la mano en el momento oportuno para no convertirnos en inmensos museos modernos de desolación.

Dividido el tema, nos queda la preocupación y la interrogante de por qué en este tiempo no hubo ningún tipo de movilización por parte de ninguna organización social, etc., que salga y defienda nuestra soberanía.

En cuanto a las papeleras, pasteras, o fábricas de papel, abrimos solamente esta opinión, esperaremos, y sí plantearemos que se respeten siempre los acuerdos. Como noticia interesante ya aburre y nos desvaloriza.

Evidentemente estas situaciones se han convertido en un problema. *

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