Transparencia
En los últimos días, la opinión pública ha sido sacudida por dos hechos que saltaron a la luz, en los cuales se ha puesto en tela de juicio la conducta de dos funcionarios.
El «caso Nicolini» y el «caso casinos municipales» siguen siendo convenientemente explotados por la oposición, que no pierde la oportunidad de denostar al partido de gobierno. Hay unos cuantos que se alarman y se ofuscan por ese comportamiento de blancos y colorados sin darse cuenta de que el juego político consiste precisamente en eso: la oposición, naturalmente, va a tender a aprovechar toda bolada que se presente para desprestigiar al gobierno y arrimar agua a su molino. Y si tenemos en cuenta que hasta hoy los partidos del llano se han mostrado huérfanos de ideas plausibles y de iniciativas seductoras para el electorado, no debería llamarnos la atención que traten de sacarle todo el jugo posible a las eventuales metidas de pata de la fuerza gobernante.
Creo, muy humildemente, que en vez de preocuparse por las supuestas campañas montadas por la derecha, otros deberían ser los desvelos de la izquierda y otra, su actitud frente al fuego graneado disparado desde la trinchera rosada.
En primer lugar, y aunque parezca una perogrullada, habría que evitar la ocurrencia de situaciones confusas, sospechosas, en las que se encuentran involucrados con razón o sin ella jerarcas, funcionarios o legisladores del partido de gobierno; no se puede dar ese changüí a los adversarios, que no son tontos.
Pero si ocurre una situación oscura que genera dudas respecto de la corrección de la conducta de alguien, creo que la mejor respuesta sería allanar el camino para que se investigue de todas las formas posibles. La tan mentada cristalinidad, la tan famosa transparencia sólo se practican poniendo las cartas sobre la mesa.
No creo que el flaco Nicolini haya cometido delito alguno. Pienso, sí, que hubo alguna desprolijidad prestamente subsanada, por lo que ni él obtuvo beneficio alguno, ni produjo perjuicio alguno al erario. ¿Y qué mejor manera de brindar transparencia a la gestión que promover investigaciones en los ámbitos que corresponda de manera de cristalinizar la situación?
Por eso, como ciudadano de a pie, humilde votante del Frente, confieso que no entiendo la estrategia de la izquierda al negarse a la formación de una comisión investigadora tal como lo pedía el Partido Nacional.
En vez de eso, la bancada oficialista se apresuró a aceptar la renuncia presentada por el senador emepepista a instancias de la dirigencia de su propio sector, con lo cual dio la sensación de proponerse ocultar las cosas.
No estoy en desacuerdo con que la ropa sucia se lave en casa, pero si el cesto de ropa para lavar está a la vista de todos, buena cosa sería instalar la pileta en la vereda para mostrar al barrio que la ropa se lava; en el fondo o a la vista de todos, pero se lava.
Del mismo modo, no creo que el tema de los casinos municipales se resuelva pidiendo la renuncia del jerarca involucrado. Me permito muy humildemente, también disentir de la propuesta de Víctor Vaillant, pues antes de crucificar a nadie, buena cosa es aguardar los resultados de una investigación o eventualmente de un juicio en cuyo transcurso sea posible oír al acusado hacer sus descargos.
En fin, como pedían los vecinos de Buenos Aires en aquel lejano mayo de 1810, el pueblo quiere saber de qué se trata. *
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