La copia feliz del edén

La llegada del presidente de los EEUU a nuestras costas coincide con los pronósticos de «The Economist», destinados a estimular el dinamismo económico que convertiría a Uruguay en el nuevo tigre sudamericano.

No nos parece válido pretender extrapolar la experiencia económica iniciada en Chile por Hernán Buchi y los acólitos de la Escuela de Chicago, para intentar proyectarla hacia el Uruguay.

Huelga señalar que tal modelo de transformación económica, política, social y cultural sólo fue posible mediante una brutal dictadura que arrasó con los derechos fundamentales del hombre, legando resabios aún no resueltos por 17 años de gobiernos democráticos.

El mercado puede participar pero nunca resolver materias como la educación sobre la que ha comenzado a actuar con mucha fuerza y medidas la presidenta Bachelet, en virtud de las mayores protestas estudiantiles y gremiales de los últimos treinta años.

Gabriel Salazar, trasandino, Premio Nacional de Historia ha señalado recientemente que «la educación en Chile estratifica, agudiza las diferencias de clase y estimula la competencia. La solución en parte está en empoderar a la sociedad civil para integrarla y cohesionarla, mediante la autoconstrucción de una cultura juvenil y popular. El sistema formal no educa».

Ninguna sociedad puede progresar y avanzar hacia el umbral del desarrollo si la educación se constituye en un negocio, privilegio para los más pudientes.

Se desvirtúa así su valor como un derecho inalienable y la sociedad se transforma en una jungla, donde campea la ley del más fuerte…

En el Uruguay, a pesar de quienes definieron peyorativamente al reciente Congreso Nacional de Educación, como una «merienda de negros», la escuela pública y vareliana tuvo el valor de construir durante el pasado siglo un mapa de igualdad e integración social.

En tal aspecto, componentes como la gratuidad y laicidad de la enseñanza se constituyen en los activos más preciados que construyó el histórico país modelo desde la perspectiva de un Estado que asistió a los más débiles.

En el plano de la política exterior parece bastante claro que la integración regional y el Mercosur en particular representan para Uruguay una razón de existencia, a pesar de sus actuales dificultades.

América Latina se encuentra en un estado paradojal, luego de la reciente Cumbre de Cochabamba, manifestado en un alentador crecimiento anual de 4%.

Sin embargo a pesar de esta aparente bonanza en el crecimiento no se respetan los fallos internacionales, ni funcionan adecuadamente los mecanismos de solución de controversias regulados en el Tratado de Asunción, del cual Chile es miembro como país asociado.

Alejandro Foxley, canciller trasandino, adscribe al regionalismo abierto, o sea al camino elegido por Chile en su apertura comercial a la región y al mundo, tendiente a profundizar los acuerdos en esa senda y en el de las asociaciones estratégicas, sustentadas en tecnologías para agregar valor a los productos naturales. Cita como paradigma de su tesis a Nueva Zelandia y reclama para América Latina un marco jurídico mayor para asegurar la inversión estratégica y ampliar los mercados. A través de estas asociaciones estratégicas Chile podría trabajar con Bolivia y sus productos naturales, incorporándoles tecnología, generando fuentes de trabajo para ambas naciones, en un marco de mucho mayor cercanía y distensión, producto de las excelentes relaciones actuales entre sus presidentes y en la profundización de una agenda común sin prejuicios de ningún tipo.

Finalmente señalamos que en la realidad latinoamericana coexisten hoy dos conceptos de integración: uno, basado en la ampliación de los mercados que es el que lleva adelante la política exterior y comercial chilena. Otro, el de la integración sin mercados, a través de empresas estatales, con un sistema de precios acordados previamente, sustentados en el asistencialismo y en la solidaridad social.

A pesar de la diversidad de objetivos políticos y estratégicos que subsisten hoy en América Latina y particularmente en el marco de la Comunidad Sudamericana de Naciones en torno al tema de la integración, es menester reconocer que Chile y su exitosa política exterior poseen poder conceptual. No debería por tanto la región, adherirse a eje ideológico alguno, optando cada nación por una integración basada en el pluralismo y la diversidad de caminos. *

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