Yo desideologizo, tú desideologizas…

«El gobierno progresista desarrollará una política exterior independiente, de defensa de la soberanía e intereses nacionales, favorable a la paz, a la autodeterminación de los pueblos, a la vigencia de los derechos humanos, a la distensión internacional, a la preservación del medio ambiente y sus normativas, y a las relaciones entre los Estados y pueblos regidos por el derecho internacional. Se basará en los principios de respeto de la integridad territorial y de soberanía, la no agresión, la no intervención y no injerencia en los asuntos internos de los países por ningún motivo de carácter económico, político o ideológico; igualdad y conveniencia mutua.»

«…es hora de reivindicar la iniciativa y el protagonismo de los países del Sur, los cuales, en la medida que expresen los intereses de sus pueblos, tendrán más posibilidades de transitar por los caminos de solidaridad y cooperación internacional y lograr que las inversiones productivas, el intercambio comercial o el científico tecnológico avancen de acuerdo con los intereses nacionales y regionales de esos pueblos».

(Tomado del documento Grandes Líneas de Acción Programática 2005-2009)

¿Existe alguna definición orgánica del Frente Amplio de carácter mas ideológico que la precedente?

¿Existe alguna de estas definiciones que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta nuestros días hubiera sido respetada por Estados Unidos de Norteamérica?

¿Queda alguna duda con esta definición que la apuesta y lo que propusimos a la ciudadanía es el Sur?

Mas adelante, el 15 de julio de 2006, el Plenario Nacional del Frente Amplio adoptaba otras decisiones complementarias de la anterior, en momentos en que desde filas de la derecha y algunos sectores de la izquierda se reclamaba archivar la ideología en el cajón de lo pasado de moda para discutir un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos con el mayor pragmatismo económico posible. A pesar de esos reclamos se reafirmó la apuesta al Sur y con y desde el Sur al mundo.

«La política a seguir debe continuar explorando dos caminos complementarios, administrando las tensiones entre los mismos: por un lado, preservar el espacio privilegiado del Mercosur, como plataforma de un regionalismo abierto y no excluyente; por otro, desarrollar un bilateralismo múltiple con acercamientos comerciales con todos los rincones del mundo…»

A pesar de la flexibilización ideológica y la inclusión de definiciones pragmáticas para unos y economicistas para otros, el TLC naufragó y con él llegó a su fin la aventura contra natura y contra la historia en la que el ministro de Economía embarcó al país.

La firma del Tifa, coincidiendo con el inicio del Carnaval más largo del mundo, no es más que un disfraz tras el cual se esconde la derrota más dura del más poderoso ministro de gobierno.

La aventura de mirar al norte y negociar solitos con Estados Unidos tuvo dos consecuencias políticas nada menores. La primera, el lógico enfriamiento de las relaciones con nuestros socios del Mercosur; la segunda, se colocó a la fuerza política en un estado de tensión interna en forma innecesaria.

¿Valió la pena colocar en riesgo nuestra estrategia de inserción internacional, larga y pacientemente elaborada en la fuerza política, para venderle cuatro churrascos más a Estados Unidos?

¿La estrategia de acercamiento a Estados Unidos desde nuestra soledad nos pone en buenas condiciones para encontrar una solución al conflicto con Argentina?

¿Le dejamos algún espacio de negociación a Itamaratí, Caracas y los otros socios de la región para ensayar un acercamiento de Uruguay con el gobierno de Kirchner?

¿Juega a favor o en contra nuestro en una estrategia de fortalecimiento y expansión del Mercosur desde el punto de vista de una integración política, productiva, comercial y energética?

¿Desde qué visión progresista de cualquier rincón del planeta puede ser catalogado como positivo un acercamiento de nuestro país a un presidente como Bush, al filo de su retirada de la Casa Blanca, en el momento más bajo de su popularidad, fustigado por varios gobiernos latinoamericanos y con frías relaciones con gobiernos europeos?

¿No se ve afectada la credibilidad de un gobierno que le propone a la ciudadanía una cosa y hace otra?

¡Basta de disparates!

El gobierno no puede perder un gramo de credibilidad en su primer mandato y como en su momento dijo y puso en negro sobre blanco lo que iba a hacer desde cada uno de los ministerios ­y lo está haciendo­ también lo debe hacer en política exterior, donde no se pueden vivir aventuras económicas, sino analizar la situación con un fuerte sustento político ideológico.

Sin embargo, en lugar de debatir estos aspectos centrales, los «formadores de opinión» desde los titulares de los diarios o en los programas mañaneros de radio, ponen en debate ­y hasta realizan encuestas por Internet­ si debe renunciar el canciller como supuesto responsable de estos disparates enganchados.

Además el canciller no es divertido. Es serio, «gruñón», dicen algunos, «su opinión es un cero a la izquierda», dicen otros dirigentes devenidos con el correr del tiempo en organizadores de «contramarchas piqueteras», y como si fuera poco defiende el Programa que el Frente le propuso a la gente.

Y eso sí que es intolerable.

(Aclaración: la presente nota no pretende representar a absolutamente nadie más que a mi pensamiento.) *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje