Por qué algunos casos policiales llaman más la atención que otros y por qué junto a la prensa que informa con seriedad aparece también el amarillismo estival y frívolo, del que se acordó el otro día el subsecretario del Ministerio del Interior, Luis Faroppa, que se manifestó molestó por algunos extremos de lo publicado?
Es que los hechos se han ido encadenado para que lo ocurrido en el departamento de Maldonado, que tuvo su centro en la desaparición y búsqueda primero y luego la aparición del cadáver de Natalia Martínez, tocaron las fibras más íntimas de los uruguayos, hechos de a puño que fueron haciendo derrumbar conjeturas antojadizas, especulaciones groseras, que enfrenta hoy a la sociedad uruguaya con las características de los centros de diversión nocturnos, en donde la transgresión, por medio del alcohol y otras drogas, es la manera que encuentran muchos jóvenes de clase media para relacionarse entre si.
Todo un mundo lleno de claves especiales que, en el caso de la familia Martínez, culminó en una tragedia atroz sobre la que la Policía está buscando pistas tardías por su incapacidad, más que obvia y manifiesta, de aplicar una metodología adecuada y seguir protocolos relacionados con la misma, como se intenta ahora con el ingreso en la investigación de los agentes de Delitos Complejos.
El tiempo transcurrido, lo insólito de que se movilizaran las fuerzas policiales siguiendo las “visiones” de los “mentalistas”, que trataron de hacer su “agosto” en el fin de enero y principios de febrero, la falta de rumbos investigativos serios, convirtieron al caso en un centro de atención nacional. Si se analizan los ingresos al buscador Google que muestran las repercusiones en Internet del caso, vemos que el mismo algunos días registra más ingresos en este tema que en el de las noticias de carácter político o los cortes de rutas con que los piqueteros argentinos siguen vedando el tránsito por tierra a nuestro país.
O sea que la desaparición de Natalia Martínez, su desenfrenada búsqueda, que no decayó por la acción permanente de amigos que hicieron brigadas espontáneas para trabajar en distintas zonas de Maldonado, dejó en claro la falta de preparación de la Policía que, pese a su esfuerzo, no pudo encaminar ningún tipo de pesquisa medianamente positiva que llevara a la verdad de lo ocurrido. Ni siquiera la búsqueda del cadáver fue metódica, porque el rastrillaje dejó espacios enormes sin analizar. El cuerpo de Natalia fue encontrado por unos turistas que buscaban piñas en una zona cercana a la Laguna del Sauce, en un lugar que perfectamente se podría haber rastrillado, si se hubiera estructurado un estudio metódico para el departamento.
Sabemos que la tarea policial no es fácil, que no se tienen todos los medios adecuados, pero hoy es necesario tener metodologías de contingencias acordes a los posibles delitos que se puedan cometer. Planes para el inmediato “cierre del departamento”, tarea que no se puede improvisar y que debe aplicarse para detectar a los responsables de los incontables robos que se producen, búsqueda de los reducidores de objetos robados, etcétera. Y en casos como el de Natalia, planes de búsqueda y rescate modernos. No dar golpes a ciegas, sin rumbo, apretando a testigos para que digan una cosa por otra, como sucedía en épocas que mejor es no recordar.
Tras el caso de Natalia aparece también otra característica de la zona balnearia, que es la explicitación del tráfico de drogas en la noche, el modus operandi de los traficantes, la vista gorda que algunos deben seguir haciendo, porque evidentemente esa actividad se realiza en el este del país como si estuviera metida dentro de una de las tristemente célebres “zonas liberadas”.
Con esto no queremos decir que Natalia era consumidora, extremo que su familia y amigos niegan. Pero no podemos dejar de pensar que en torno a su desaparición y su muerte, al parecer violenta, puede existir una historia vinculada al desenfreno que provoca el consumo de drogas cuya venta está prohibida y/o alcohol. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21