Historia reciente: sigue la polémica

El ministro de Educación y Cultura, ingeniero Jorge Brovetto, deberá concurrir al Parlamento citado por la Comisión Permanente para responder sobre el nuevo texto de historia reciente.

Los partidos tradicionales no cejan en su combate sin tregua contra la enseñanza de la historia reciente, y apelan a los recursos que sea para impedir que el estudio de los turbulentos años sesenta, la dictadura y la restauración democrática se ponga en práctica. Diversos son los argumentos que se manejan, pero bien cierto es que añoran el tiempo en que el estudio de la historia patria se detenía, prudentemente, antes de la Guerra Grande. No fuera cosa que al estudiar la segunda mitad del siglo XIX, el Partido Colorado saliera mal parado. El Partido Nacional, por su parte, no tenía interés alguno en que se supiera que Herrera, uno de sus caudillos emblemáticos, había sido el «soldado tranquilo de Terra» y había cogobernado con el primer dictador del siglo XX.

La historia la escriben los vencedores, se ha dicho y repetido mil veces. Y tal afirmación es perfectamente cierta. Basta repasar algunos manuales que abordaron etapas posteriores a la Guerra Grande, para advertir cómo se tergiversaron los hechos de modo que figuras de trayectoria sombría adquirían una inmerecida aura de héroes. Verbigracia, Venancio Flores era presentado como un patriota a carta cabal, al punto que mereció un lugar privilegiado en el nomenclátor montevideano.

No es buena cosa escatimar a las nuevas generaciones la verdad histórica. Por dolorosa que sea, esa verdad debe formar parte de la conciencia colectiva y debe ser asumida por todos los ciudadanos. Y no solamente por aquello de que los pueblos que ignoran su pasado están condenados a repetirlo, sino simplemente porque para andar hacia adelante es preciso conocer lo que nos pasó. Avanzar ignorando el pasado es avanzar sobre bases falsas que tarde o temprano se manifestarán negativamente en la conciencia colectiva.

En lo que se refiere concretamente a la historia reciente, bueno es recordar que aun antes de que se hablara de la necesidad de enseñarla a niños y jóvenes, ya la derecha colorada había desplegado sus artes de manera tal de hacer aparecer a Jorge Pacheco Areco como un gobernante severo pero de profundas convicciones democráticas, un presidente que se vio obligado a gobernar con mano de hierro ante los desbordes de los verdaderos responsables de la crisis, que no eran otros que los grupos insurgentes, los sindicatos y los sectores populares.

A tales extremos de eficacia se llegó en esa tarea de limpiar la imagen de Jorge Pacheco que hasta alguno de sus adversarios más notorios llegó a afirmar que si bien había sido autoritario y represor, nunca se había apartado de la Constitución, cuando todos recuerdan que en reiteradas oportunidades hizo caso omiso a claros preceptos constitucionales.

Lo que alarma y preocupa a las fuerzas conservadoras no es que los nuevos textos tergiversen los hechos, sino que presenten la historia tal cual fue, que pongan las cosas en su lugar y los puntos sobre las íes. El relato objetivo y veraz de los acontecimientos del pasado es suficiente para dejar mal parada a la clase dominante y en off-side a muchos que hoy posan de demócratas cabales. *

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