Si bien América Latina está viviendo una situación de auge económico en la que se verifican buenos niveles de crecimiento, sorprenden algunas tendencias que están apareciendo en el horizonte continental que, obviamente, parecen ir a contramano de las mejorías alcanzadas en la vida cotidiana, que todavía se deben expresar mejor en la distribución de la riqueza.
Una de esas tendencias preocupantes es la carrera armamentista que se ha desatado en algunos países, concretamente en Colombia, Chile y Venezuela, no sabemos ateniéndose a qué hipótesis de conflicto, porque los volúmenes adquiridos superan largamente las necesidades de adiestramiento de las fuerzas armadas de cada uno de esos países.
Parecería una nueva locura armamentista en la que se invierten miles de millones de dólares, sin conocerse el sentido de esa inversión.
El único país que se encuentra enfrascado en un conflicto armado interno y no resuelto es Colombia. Sin embargo es sabido que el presidente Alvaro Uribe es uno de los “mimados” del Departamento de Estado y, por lo tanto, Colombia es el cuarto receptor mundial de ayuda militar por parte de Estados Unidos, sólo precedido por Israel, Egipto e Irak.
Menos claras son las hipótesis de conflicto que se podría estar planteando Chile, un país en constante desarrollo pero en el cual, al parecer, las Fuerzas Armadas mantienen una influencia importante. De acuerdo a cifras al cierre de 2005, el país trasandino invirtió en armas en ese período nada menos que 2.785 millones de dólares, muy por delante de Brasil, que ha invertido .1.342 millones de la misma moneda en ese rubro.
Una explicación subjetiva se podría manejar para las compras hechas por Venezuela, que lleva gastada una cifra cercana a los 2.200 millones de dólares, porque evidentemente sus relaciones con la primera potencia del mundo se están llenando de ríspidas confrontaciones. Sin embargo la disparidad en cifras es tan astronómica a favor de la primera potencia mundial, que hace muy difícil pensar en una mínima equivalencia de fuerzas.
Uno de los activos proveedores de armas en el continente es Rusia y dos de sus clientes son el ya citado Brasil y la República Argentina, a la cual el país euroasiático proveería de helicópteros para el transporte de tropas y misiles de distinto alcance. Los acuerdos del país vecino fueron alcanzados según informaciones de prensa en conversaciones iniciadas cuando viajó a Moscú la ministra argentina de Defensa, Nilda Garré, hace unos tres meses.
Parecería que el ser humano como entidad sigue sin aprender a vivir en paz y siempre se está preparando para una confrontación, aunque ésta sea una hipótesis peregrina, y la mayoría de las veces, absurda. Sin embargo el tránsito de los millones se sigue canalizando hacia las armas, cuando se podrían utilizar para fundar políticas de empleo que solucionaran problemas acuciantes de pobreza en los países. *
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