Dilapidando esfuerzos
¿Q ué busca la oposición tratando de jaquear en cada ocasión que puede al canciller de la República? Habría que analizar la situación que se sigue planteando en nuestro país ca da vez que Reinaldo Gargano es llamado a brindar algún informe ante el Parlamento, pues en los días previos detona una campaña periodística con especulaciones de todo tipo, todas dirigidas a que el funcionario sea defenestrado por expresar, se dice, posiciones distintas a las del gobierno.
No bastan los reiterados desmentidos, las negativas de las distintas fuentes a brindar información sobre un tema que no está en el orden del día del gobierno, porque si bien Gargano en ocasiones ha aparecido con un lenguaje duro, algo distinto al que maneja el doctor Vázquez, no existen diferencias a señalar en materia de orientación de las relaciones exteriores.
Y sobre esas especulaciones se montan los voceros de las oposiciones y reiteran continuamente los mismos argumentos, sin plantear temas concretos sobre el relacionamiento exterior del país, sino sobre las supuestas discrepancias en el seno del gobierno.
Ayer mismo el ministro de Economía, Danilo Astori, sostuvo en un programa de TV su apoyo al acuerdo del Mercosur y su convencimiento de que hay que seguir dando la batalla para crear una coordinación macroeconómica que evite que las medidas que adopte uno de los socios perjudique a otro, como ocurre hoy con los países menores.
¿Esa frase pone a Astori en una militancia anti Mercosur? Por el contrario, lo coloca en una línea muy parecida a la del canciller, que sigue planteando la solución del tema de las asimetrías como una necesidad inmediata a solucionar en el corto plazo.
Entonces, ¿a que viene la continua actitud de la oposición política y de la prensa que la representa, de destacar presuntas diferencias entre el canciller y el ministro de Economía? Pero iríamos a más: ¿Cuáles han sido las gafes de la Cancillería para centrar sobre el ministro todos los obuses pesados que se le lanzaron el pasado jueves en la Comisión Permanente, muchos de ellos basados en un subjetivismo fuera de toda lógica?
El presidente de la República está en su derecho de reorganizar de acuerdo con su visión a su gabinete de ministros, porque un equipo de gobierno debe ser homogéneo y trabajar de acuerdo a su real saber y entender, claro, vinculando al mismo con los objetivos trazados por la fuerza política por la que fue electo. Por ello, bien sabemos, nadie es propietario de un sillón en el gabinete, pero es elemental leer en la decisión primigenia del presidente de la República una visión política de darle representación en el gabinete a los sectores más importantes del Frente Amplio. Se puede decir que Vázquez buscó un elenco de ministros que fueran representativos de la fuerza política, para que todos los que apoyaran la opción en el comicio de una manera u otra se vieran representados.
El esquema, más allá de temas puntuales y de los errores que se puedan haber cometido, ha dejado un saldo claramente positivo, con un país que está mejor, con un crecimiento económico importante y que se sigue produciendo, con una reducción todavía no la suficiente de la desocupación y un severo combate de la miseria dándole apoyo a las familias más sumergidas vía el Panes. Se pusieron también en marcha los Consejos de Salarios, un mecanismo trabajoso, difícil de implementar, pero que comenzó a solucionar la compleja situación de los trabajadores de la actividad privada que no tenían ámbitos de discusión salarial, lo que redundó en una mejora de los ingresos que, obviamente, ha impactado en el consumo, provocando un aumento.
Queda mucho por hacer, fundamentalmente, resolver el conflicto con Argentina y las asimetrías en el Mercosur, por lo que el trabajo que queda por delante es ciclópeo y el gobierno necesita de un gabinete potente, capaz de emprender las tareas con eficiencia y timonear los distintos ministerios cuando, además, nos acercamos a resolver una de las cuestiones capitales, que es encarar la tan conversada reforma del Estado.
Por eso, que se deban distraer esfuerzos en contestar campañas de prensa y acciones tan duras como las de la oposición política, es un verdadero derroche, inevitable en la democracia, pero derroche de fuerzas al fin. *
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