Viejas ideas para entender nuevos problemas
Algunos economistas y políticos, inteligentes, capaces y honestos, sostienen un discurso que me resulta incomprensible. Pretenden que la economía, la producción, el comercio, pueden (y deberían) se analizados desde una perspectiva no «ideológica».
Pero ¿es que acaso eso existe?
Se preguntará el lector a qué viene tamaño exabrupto. Es producto de la exasperación.
Economistas como Paul Baran y Paul Sweezy hicieron el centro de su análisis económico, en la forma en que los diferentes grupos de poder se apropiaban de una parte del Excedente Económico. En base a esa poderosa herramienta, netamente ideológica, explicaron muchas cosas. Y las explicaron bien. Fue en la década del 50 y según creo, sigue vigente lo esencial de su pensamiento.
Pongamos ejemplos. Estos días seguimos escuchando, en los análisis mejor intencionados, que en la década del 70 había capitales sobrantes y entonces se los prestaron (¡qué podían hacer!) a los dictadores latinoamericanos (que ¡justo estaban ahí!). Y estaban. Listos para hacer desaparecer esos capitales, como desaparecieron a la gente y sus derechos.
Yo veo la historia distinta. La verdadera finalidad del Plan Cóndor estaba en endeudar las economías periféricas, para poder someterlas totalmente al poder financiero, dominante en el capitalismo contemporáneo. Escondieron esa intencionalidad, tras una cortina de horror inconmensurable.
Antes, el poder estuvo en el capital comercial y los ingleses, que dominaban las rutas marítimas, dominaron buena parte del mundo. Después vino el predominio del capital industrial, ahora le tocó el turno al capital financiero. A la globalización.
Siempre en el marco de procesos «desiguales y combinados» como analizó Vivian Trías.
El capital financiero domina, subordina, los otros poderes: comunicaciones, producción, comercio y militar incluso.
La dependencia económica fue instalada para la extracción de la riqueza que generan nuestras economías. Por la vía del cobro de intereses y los condicionamientos de los organismos multilaterales, se crearon las premisas para privatizar, desregular y abrir nuestras economías, con resultados que hoy están a la vista. Ese es el legado perdurable de las dictaduras.
En ese esquema las compañías transnacionales se quedan con la parte del león, pero algo dejan para los cuervos que forman los círculos de poder local, para la tecnocracia está también su parte y para la gran mayoría, la exclusión y la pobreza.
La realidad no es un problema ideológico, cómo la vemos sí. Qué hacemos para cambiarla, también.
En realidad las ideas mandan a la política y ésta, manda a la economía. Lo triste es ver a la izquierda pensar como la derecha y aceptar qué el mundo es así, que los cambios posibles son pocos y graduales. Tan mínimos que pueden transformarse en imperceptibles e intrascendentes.
No se trata de hacer todo y ahora, eso es un problema de «poder». Se trata de trabajar, sin desmayo y sin perder el rumbo, para «hacer posible, lo que parece imposible». *
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