Asumir la Historia y no esconderla

Desde que las autoridades de la educación informaron que la Historia reciente iba a formar parte de los programas de la enseñanza, llenando el norme vacío al que se condenaba a los educandos, airadas voces se levantaron desde tiendas de los partidos tradicionales ensayando argumentaciones que se desgranaban solas.

Quisieron que se mantuviera en la ignorancia a generaciones de estudiantes sobre esta parte tan importante del proceso histórico uruguayo, evitando el conocimiento de la misma.

Fomentar la ignorancia es violar la laicidad, es impedir la libertad de optar, que se basa en el conocimiento amplio y plural de los sucesos y procesos que son complejos en sí mismos, como compleja es la vida de una sociedad.

La alternativa que entonces se plantea para que un educando pueda conocer la Historia reciente es buscarla solamente fuera del sistema educativo. La misma alternativa que quedaba al rechazarse la educación sexual. Hacerlo a hurtadillas.

Es tan violatorio del principio de laicidad omitir deliberadamente la Historia reciente, como preconizar una historia oficial.

Se desconfió del cuerpo docente, como si el mismo cumpliría su función en forma sesgada. Yo confío en los docentes de mi país, en los maestros y en los profesores. Y si alguno viola la laicidad, como toda excepción que confirma la regla, están para aplicarse los procedimientos disciplinarios que la sociedad ha creado para salvaguardarse en sus principios de convivencia democrática.

Luego se dijo que había que esperar que el tiempo transcurriese para que decantaran los hechos.

¿Qué diríamos entonces de la matanza de los charrúas, sobre la cual el senador Sanguinetti ha dado últimamente una interpretación que entra en contradicción con posturas sostenidas hasta el momento, o del abrazo de Monzón, o de la revolución de 1904?

Pero ahora se vio claramente dónde saltó la liebre. Conocer la Historia reciente significa conocer los procesos económicos, políticos y sociales de las últimas décadas. Y hay actores políticos (partidos y hombres públicos) que no quedan bien parados cuando se entra en contacto con la realidad vivida. ¿Hay que ocultar todo el proceso relativo al esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos? ¿Hay que ocultar las denuncias de corrupción y procesamientos que se dieron en un período de gobierno postdictadura? ¿Hay que ocultar la crisis de 2002? ¿Hay que ocultar las distintas interpretaciones sobre la reforma constitucional que instauró el balotaje? ¿Hay que ocultar que la izquierda accedió al gobierno nacional el 1 de marzo de 2005?

Las realidades generarán posturas neutras, alegrías, sinsabores, pero son realidades y como tal hay que asumirlas. No se trata de negar la Historia, ni de esconderla.

Se ha pretendido hacer creer que el Codicen está impulsando una interpretación sesgada de los acontecimientos históricos. Nada más apartado de la verdad que ello.

Basta con ingresar a la página web www.anep.edu.uy/historia para comprobar la pluralidad de aportes y de visiones que se proporcionan para comprender el proceso histórico reciente.

Actores como Ramón Díaz, Germán Rama, Eduardo González, Rilla, Caetano, Demassi, Nahum, Aldo Solari, etcétera, se recomiendan para el estudio de la temática. Más de uno de los mencionados nada tiene que ver con el Frente Amplio.

Lo que se ha procurado es contar con distintas posturas e interpretaciones para reproducir la diversidad de opiniones. Esto es honestidad intelectual y apego estricto a la laicidad.

¿Por qué quienes critican los materiales de la página web de la Anep dicen verdades a medias escondiendo que hay en ella materiales de estudio con distintas versiones? *

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