Debate sobre seguridad social

El país necesita un profundo y democrático debate sobre el sistema de seguridad social. Discusión que deberá asegurar la participación de las instituciones estatales involucradas en el tema, de organizaciones políticas y sociales, del ámbito académico y organismos internacionales. Recordemos que en los últimos 26 años existieron dos profundas y restrictivas reformas, en las que la sociedad no tuvo intervención real. La primera, en 1979, proyectada y concretada en dictadura. La segunda en 1996, actual Ley Nº 16.713, donde fue nula la participación social.

A diez años de vigencia del sistema actual, estudios de la Universidad de la República y de Cepal nos dicen que con los parámetros actuales de acceso a la jubilación, 60 años de edad y 35 de trabajo, apenas podrá jubilarse aproximadamente un 15% (17% hombres y 13% mujeres). ¿Qué duda hay entonces de que el sistema vigente necesita ser evaluado en profundidad?

No es sorpresa entonces que comiencen a surgir planteos de reforma que podrían dar lugar a debates focalizados con resultados de dudosa efectividad, cuando no inconvenientes, a los efectos del establecimiento de políticas generales en la materia, las que deberían reafirmar el rol de la seguridad social como herramienta integradora de la sociedad, asegu- rando su función redistributiva.

Debate que deberá realizarse en 2007, y organizado y liderado por los órganos responsables del tema a efectos de que sea un análisis global, abarcativo de todas sus dimensiones conceptuales: social, demográfica, económica y financiera, a efectos de una debida evaluación del actual sistema. Deberá ser su objetivo generar insumos para eventuales reformas, generales y parciales, cuando se considere oportuno y pertinente.

Y debe quedar claro que el gobierno no proyecta reformar el sistema de seguridad en su globalidad en el presente año, sino que lo esencial es ir generando democráticamente insumos para que en un futuro a definir pueda actuarse con certeza. Lo cual no es obstáculo para que puedan encararse algunas reformas parciales.

Otros países vecinos que sufrieron la ola reformista de los 90 basado en el informe del Banco Mundial «Envejecimiento sin Crisis» que están de vuelta con sus resultados, estudian o reforman su sistema. Es el caso de las modificaciones del sistema chileno llevadas a cabo por la presidenta Bachellet, por ejemplo.

Es necesario preguntarnos qué seguridad social queremos, qué contingencias queremos cubrir, qué relación existe entre el actual sistema contributivo y la protección social, aspecto este último que si no existe precisión en los conceptos, puede originar enormes confusiones. Inevitablemente surge la pregunta acerca de la influencia en la protección social e inclusión en la seguridad social de la nueva estructura del trabajo, con su desempleo estructural y la aún alta informalidad. Porque recordemos que el modelo tradicional en que se basaba la misma era el trabajo formal y estable del jefe de hogar que garantizaba el acceso a la educación y a la seguridad social. El papel de las asignaciones familiares en las políticas nacionales de protección a la infancia es otra de las interrogantes que aparece.

No en vano Pnud y OIT han aceptado calurosamente la invitación del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a participar y colaborar en la implementación del debate, y ya están trabajando a tales efectos.

Por otra parte la discusión ha sido recibida positivamente en el órgano de coordinación de políticas de seguridad social que funciona en la órbita de la OPP y en el que participan MEF, Mides, MSP, BPS, Mtss.

Todo indica entonces que nos espera un 2007 muy rico e intenso. Bienvenido, porque somos de los que creemos lo que el semanario Brecha titulaba tiempo atrás: «La Seguridad Social en su Laberinto». *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje