Chávez y su nacionalismo popular

En materia política, todas las épocas, regiones, estados en particular, y hasta en continentes, se han dado, según las necesidades y situaciones del momento, la realidad de la «ley del péndulo». Y es inexorable. A etapas en las que ha ganado la izquierda masivamente sobrevinieron gobiernos de derecha. Y a su vez en épocas de grueso derechismo conservador sobrevinieron los contrarios de izquierda. O sea, hay un natural cansancio proveniente de un acostumbramiento prolongado con todos los vicios que eso conlleva en el poder, habilitando el surgimiento de las corrientes opositoras.

Nuestro continente indolatinoamericano tuvo larguísimo período en el cual la aguja del péndulo se trancó por las armas imperiales mayoritariamente.

Primero las europeas y después la yanqui, ciegas en sus voracidades por las riquezas múltiples del continente, cimentando unas oligarquías vernáculas ultraconservadoras y también voraces, que monopolizaron el poder en las derechas. Pero las etapas igual se cumplieron. Y el péndulo, por su natural paso en el tiempo, siguió la ley gravitatoria, y cayó en la izquierda. Hoy, hay un período zurdo innegable en América. Por supuesto, le llegará el «desgaste». Máxime si se tiene en cuenta que circunstancialmente no hay grandes potencias de izquierda en el área, que puedan por sus propias fuerzas emular a las derechistas anteriores. Pero sí, y cuidado, de concretarse, puede haber un sentido solidario en las diversas naciones continentales de unificación de esfuerzos, que es obvio lo hay, aunque al momento la buena fe expuesta es, por cierto, muy dudosa, y de lograrse puede armarse un bloque político de futuro que le dé cierta perpetuidad en el tiempo a la «zurda», aplastada durante décadas por el poder.

Para que ello pueda suceder, verdad del doctor Perogullo, son necesarios líderes audaces, populistas (no asustarse por el término, a mí me gustan los populismos como más justos, por cierto), guapos, contra los poderes fácticos imperiales y naturalmente voraces. Seamos realistas. Ese tipo de jefes, por la pobreza política intelectual, propia de tantos años de llano, en la izquierda americana no es mercadería que sobre en el continente. Cuba tuvo su Castro, que con discrepancias sustanciales, que las tengo, o aciertos que también los hay, se vio rodeado por el imperio a cal y canto con el aislamiento natural y obvio de los vecinos. Para subsistir dependía del imperio soviético, con las limitaciones del caso, y hoy lo acucia el final propio de la edad.

No había más dirigentes de fuste en el horizonte enfrentando al imperio, con permanente subsistencia. Salvo… el surgimiento de Chávez. Hoy el venezolano no sólo vuelve a arrasar en su interna nacional, sino que avanza implacable ante la mediocridad circundante de líderes capaces y carismáticos de izquierda que le puedan hacer «sombra» en el continente. Por el poder que le otorga el petróleo, su carisma popular acaudillando las clases más necesitadas, relegadas y explotadas, como la indígena, la mestiza, la negra, los llaneros y peonadas, o por lo que sea, hoy tiene, después de este triunfo electoral, seis años más, constitucionalmente, y amaga la intención de extender el poder indefinidamente. Vamos por partes. De ser cierto esto último, ni me gusta ni lo comparto. Nunca fue buena cosa el mesianismo político. El único Mesías fue Cristo. Y era nada menos que el hijo de Dios.

O sea, los seres humanos tenemos todas las limitaciones del caso y nadie escapa a las miserias y ambiciones que el poder absoluto y permanente otorga en el tiempo. Sería un gravísimo error que un hombre que tiene el mérito de enfrentar solo al imperio más poderoso del mundo ­la USA-, liderando un auspicioso movimiento de masas que puede ser, perspectivas mediante, de gobiernos que suman en su apoyatura continental: Bolivia, Ecuador, Nicaragua, etc., que puedan frustrarse por una ambición desbordada. De cualquier manera, a sus naturales oponentes de la izquierda latinoindoamericana, se puede afirmar que les ha ganado la «cuereada» con largueza. Su permanente «contencioso» contra el imperio (es el único que le canta las «cuarenta»), en ese podio continental.

Mientras Lula, con todo el poder que representa el Brasil, dialoga y acuerda fraternalmente con Bush, Chávez en cambio lo enfrenta y se atrae naturalmente el apoyo de las naciones del área, que renguean por soluciones libertarias de izquierda. Esa es la carrera que ya está ganando. El futuro, concretando esas expectativas de mejor vida y humano porvenir a su pueblo explotado, en una política nacionalista bolivariana, le está redituando estos resultados electorales en lo interno. Tiempo va a tener.

Habrá que ver en el ámbito americanista si logra seguir catapultando su revolución bolivariana sin querer transformarse, de ser ciertas las versiones trascendidas, sobre intenciones de emperador romano.

Es, entre otras muchas razones, lo que lo diferencia de las intenciones yanquis imperiales de Bush. *

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