El nuevo Mesías y sus discípulos

Esta política económica pretende transformarnos en adoradores y oradores de actos divinos celestiales. Pretende que adoremos dioses ajenos, de los que promovieron por años más de lo mismo, de los provocadores de pobreza, marginación y exclusión; pretenden que lo sostenido por años como malo, comprobable con la catastrófica duplicación de la pobreza, hoy sea bueno, a tal punto de mentirnos a nosotros mismos con el cuento de haber terminado con el FMI, cuando todos sabemos de su presencia permanente de controles de metas, o sea deberes.

El ministro actúa en su carrera ciega de demostrar capacidad para dirigir cargos en organismos internacionales como un mesías fundamentalista capaz de disertar estrofas del dios mercado ante los encargados de pregonar la duplicación y reparto de panes en forma equitativa.

¡Por dios! Pretenden influir para que nuestras conductas estén acorde a su creencia o intereses personales. No condicionaremos la estrategia que busca justicia social con distribución equitativa a estrategias personales. ¿Los anuncios de recuperación de la economía y empleo serían los mismos si no hubiera invertido el conjunto de la sociedad en el plan de emergencia? ¿De dónde salen estos fondos públicos sino de los descuentos e impuestos?

No nos cabe duda de que es inversión pública, inversión del pueblo que va colaborando en forma importante e inmediata en provocar cambios y logros rápidos en los números macroeconómicos.

¿Por qué no repetir estos resultados en materia de vivienda, pues con la teoría del dios mercado se pregona que si este aumenta, habrá más trabajo, la competencia traerá buenos salarios y así la gente podrá alquilar viviendas dignas? Ese es el mensaje y forma de actuar hoy de las autoridades que planifican y ejecutan la economía. «¿Para qué mayor inversión para vivienda si esto lo resolverá el mercado?», parecerían preguntarse los oficializadores de políticas publicas hoy.

La carta de intención con el FMI (al que no le debemos nada según Astori), el plan estratégico de asistencia del Banco Mundial, publicado por el actual gobierno, y el presupuesto aprobado por el Parlamento confirman la tendencia de los últimos 20 años en que la vivienda es un gasto y no una inversión, o una mercancía y no un derecho.

No cabe ninguna duda de que la política neoliberal de desregulación en el campo de la vivienda ha sido salvaje y desigual pues hasta los años 90 aportaban patrones y trabajadores al fondo y hoy actualmente solo son los trabajadores quienes aportan.

Qué bueno sería recibir a Astori en nuestra casa anunciando que los patrones vuelven a realizar dicho aporte como forma de distribuir la acumulación leonina efectuada por éstos; esto bajaría el desempleo y el número de familias viviendo en asentamientos.

La ley nacional de viviendas, si se respetara y aplicara con transparencia desde su creación, sería una forma revolucionaria de encarar este tema y debemos todos realizar un esfuerzo en ese sentido, sin egoísmos, con apertura y denunciando todo intento de carrera personal de ascenso de unos en base a desacreditaciones sin fundamentos a otros.

Apliquemos las leyes acordadas en la previa electoral, consensuadas en su mayoría, amasadas y elaboradas por años. Por ello y ante ello no nos obligan a adorar dioses ajenos, que no son nuestros, no los queremos, ni fuimos educados para entenderlos. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje