Los medios de comunicación en debate
En estos días, con la serena disposición al examen riguroso que permite la lejanía de cualquier instancia de medición electoral, las fuerzas progresistas analizan la problemática de los medios de comunicación.
Es un tema cardinal. No sólo desde el punto de vista de las estrategias políticas.
Lo es también desde el punto de vista cultural, moral y educativo.
En una conferencia reciente, brindada con el auspicio de esa institución abierta y fermental que es siempre la Fundación Vivian Trías, el sociólogo Ãlvaro Portillo formulaba una serie de consideraciones sobre las cuales basaremos buena parte de esta reflexión.
La problemática de la comunicación –y sobre todo la más influyente de todas sus expresiones, la televisión– supo estar, con singular muestra de urticación, en el orden del día del debate electoral en aquellos días decisivos de noviembre del año pasado, cuando los medios se plegaron masivamente a favor del candidato oficialista.
En su reflexión, Portillo va más allá, y señala la urgencia que los análisis se eleven por encima de lo contingente electoral y refieran a una estrategia capaz de resolver, en un sentido nacional y popular, el nudo gordiano de los medios de comunicación.
Enfatizando sobre la importancia formativa de la televisión, el sociólogo, a modo de ejemplo, remite al debate reciente acerca de la educación sexual de los adolescentes.
En particular, la polémica desatada entre los representantes del sistema educativo público y las autoridades de la Iglesia Católica referida a la publicación, por parte del Consejo de Educación Secundaria, de un libro de texto referido al tema.
La paradoja, explica, «es que tanto la Iglesia como el sistema educativo han sido sustituidos por la denominada cultura de masas que se irradia a través de los medios masivos de comunicación, en particular por la televisión».
Según da cuenta, «más del 60% de los jóvenes menores de 15 años se exponen hasta 4 horas diarias a la televisión (…) los contenidos de lo que observan con mayor detenimiento (Video Match, telenovelas y cine) no es nacional… los canales de televisión administran lucrativamente el vasallaje intelectual y cultural que se genera en otra parte,» señala Portillo entre otras consideraciones.
Esta situación se relaciona con otros aspectos, conocidos y reiterados, que exhibe nuestro sistema comunicacional.
El hecho de que un núcleo pequeño de personas detente, desde hace decenas de años, la casi totalidad de los medios de televisión privada del país, las formas arbitrarias y la escandalosa partidización, y hasta corrupción, que ha asumido la distribución de la propaganda oficial son evidencias de la necesidad de democratizar esa área esencial de la vida de la República.
La ampliación de las posibilidades técnicas de la oferta televisiva a través de la transmisión satelital pondrá, a corto plazo, en crisis el injusto orden comunicacional actual.
La alternativa es si, con las nuevas reglas de juego, se mantendrán los viejos, y envejecidos, centros de poder o si se abrirá, con sentido de respeto por la pluralidad de opciones político-ideológicas y de defensa de la identidad cultural nacional, el espacio de la comunicación televisiva al desafío del debate, la creatividad y la fermentación cultural y política de la vida democrática.
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