El último de los errores de Bush
Con aires de euforia las potencias imperiales festejan la ejecución de Saddam Hussein. O sea, se perfeccionó el tremendo error que comenzó a pergeñarse en la primera guerra del Golfo Pérsico, entonces iniciada por «papá» Bush. Comencemos por el principio de la historia. Saddam fue un invento, creación y apoyatura de los Estados Unidos. Se le armó en su momento contra los ayatolás iraníes como «dique de contención» ante el crecimiento del Irán.
Lo que, es más, como los iraníes venían en franca supremacía bélica, los yankis no solo los armaron convencionalmente, sino que fueron más allá y les suministraron los «bichitos bacteriológicos».
Que fue lo que, a la postre, logró detener a los ayatolás en su momento. Entonces Saddam era buenazo.
Claro, sucedió lo imprevisible. Se le creció «el pelo» y las ambiciones e invadió Kuwait. Con lo cual se transformaba en primer productor de petróleo del mundo (sin perjuicio, según se afirmaba, de que fue una «cáscara de banana» puesta por los yankis para iniciar causa de guerra y quedarse con el oro negro iraquí).
Entonces, ¡se acabó la amistad! La USA, cuya aspiración era quedarse con todo el petróleo árabe y mundial con sus potencias «asociadas», que por idénticas razones masacran a los palestinos y aledaños, no le podían permitir esas «licencias» a Saddam. Pudieron terminarlo en la primera guerra del Golfo (Tormenta del Desierto) y no se hizo. La razón, no hay otra aparentemente lógica, era el peligro permanente latente de Irán. Saddam podía seguir con esas apoyaturas discretas, manteniéndolos a prudenciales distancias.
Duró diez años y no pudo con su «genio» y volvió a ir a más. Le vendió el petróleo iraquí a las potencias europeas mucho más barato que a la de USA (de allí, la oposición de Francia y Alemania a la segunda guerra del Golfo).
Se disparó entonces, entre otras razones, el euro contra el dólar, descubriendo entonces Bush lo «perverso» que era Saddam. Claro, la invasión que, se creyó, iría a ser un paseo turístico por la costanera, les termina resultando otra Vietnam.
Nadie imaginó la heroica resistencia del pueblo iraquí, al margen de si Saddam era o no bueno o malo. A Saddam lo podía y debió ser depuesto y juzgado por los iraquíes en su integridad y no por disposición extranjera con tribunales cipayos disfrazados.
Saddam, con todas las culpas que obviamente tuvo, le trasladaron las causas de sus barbaridades al verdadero centro del problema, que fue la integridad soberana de Irak y de paso quedarse con su petróleo.
Así de simple. Voracidad imperial que le dicen, sin importar vidas humanas, soberanías nacionales y destinos futuros que ninguna potencia, por poderosa que sea, tiene derecho a influir ni mucho menos a punta de bayonetas o de misiles, contra otras naciones libres. Hoy se perfeccionó la soberanía imperial. Lo ejecutaron. Y bueno es señalar, que al margen también de la barbarie que toda ejecución conlleva supo morir como un hombre o jefe.
Sin ruegos, llantos, o clemencias. Para su pueblo y partidarios, no es poca cosa. Demostró coraje objetivamente. Pasemos a la segunda parte. Se le condeno por 140 muertes en un pueblo kurdo hace años.
Por supuesto es una causa válida, de ser cierta. No hay discusión, macanudo.
Pero en estos 10 o 15 años, sin remontarnos en la historia demasiado, cuántos crímenes se le endilgan a Bush y asociados a lo largo y ancho del mundo. ¿Cientos de miles? ¡Es difícil calcularlos! ¿En busca del petróleo árabe ¿cuántos muertos se han producido en Palestina o en el sur del Líbano antes y recientemente, país absolutamente inerme? ¿Cuántos en Afganistán, Serbia o Kosovo? Y si nos remontamos un poquito en el tiempo, en nuestro propio continente americano, ¿Bahía de Cochinos, Nicaragua, El Salvador, Granada, Panamá, Colombia y demás etcéteras (73 en los últimos 100 años)? No caben dudas, que Saddam cometió enormidades, pero nadie revisa no solo a los «rubios del norte» en crímenes y torturas (¿qé diferencia sustancial hay entre Austerlich o Treblinka y la actual cárcel de Guantánamo?), sino a sus asociados. ¿Alguien investigó las mazmorras españolas, El Carabanchel por ejemplo, llena de vascos que lucharon y luchan por la libertad y soberanía de su patria Euskadi, con sus muertos que nadie menciona salvo Amnesty de a ratos? Tampoco sería bueno olvidar a la Francia eterna, como les gusta llamarla, con sus crímenes en el Dien Vienh Phu, Argelia y otros varios en su haber.
Sin olvidar por cierto al «sonriente Blair», que ha ido a «todas» del brazo de su amigo del alma Bush, sin dejar de lado tampoco a su vieja «Albion rubia», que entre sus múltiples guerras heroicas cuentan la de haber sido los únicos que hicieron y ganaron una en defensa de la droga.
La guerra del opio, donde arrasaron con los chinos porque las factorías del opio eran inglesas. Bush y sus boys asociados no obstante esta «breve reseña humanitaria» siguen gobernado el orbe sin que nadie los juzgue y mucho menos que se les ejecute, como a don Saddam y, lo que es peor, si se buscaba la PAZ con mayúscula, no es disparatado presumir que lamentablemente hay guerra para rato.
No por Saddam en sí mismo, sino por lo que representa política y religiosamente al Islam una violación occidental tipo «cruzada» moderna, arrasando ciudades, culturas, quedarse con sus riquezas, el petróleo, poniéndoles gobiernos títeres y ejecutando gobernantes a los que ellos solos tienen derecho a juzgar y elegir.
Antes que los occidentales existiéramos, miles de años antes, la cultura del mundo pasó por sus dunas con refinados antecedentes científicos y culturales. ¡Cuidado! No defiendo a Saddam Hussein ni mucho menos.
Pero tampoco se puede defender o justificar a grandes criminales y depredadores que se consideran dueños del mundo en vidas y haciendas similares o hasta tal vez peores que el ahorcado. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad