Agresión presupuestal contra la educación

Alfredo Errandonea

Estos días son de generalizada glorificación artiguista. A la cual no me sumo porque convierten al hombre de carne y hueso, con todos sus claroscuros humanos, en mito de bronce; que lo sustrae de la evaluación histórica científica. (Al respecto me pareció muy valiente una exposición que le escuche a Vázquez Franco; y un buen artículo de Tomás Linn, al cual hacia tiempo que no le leía algo con que pudiera acordar como en este caso).

Pero creo que, evaluado en el contexto de su época, el personaje tiene sin duda una gran estatura que lo destaca nítidamente de su época en toda la región latinoamericana. Aunque claramente no fue fundador de esta «patria chica», a la cual nunca volvió porque ella significó el fracaso de su proyecto.

No me cabe duda de que parte de su grandeza la hace la pequeñez de los actuales personajes públicos de este país. Artigas no sólo dijo «sean los orientales tan ilustrados como valientes, sino que hizo todo lo posible en favor de la instrucción de los orientales; en una situación totalmente adversa de su sociedad de entonces. En cambio, los dirigentes políticos actuales han hecho un hábito de su mentiroso doble discurso, que declara la importancia del conocimiento mientras sumergen a quienes lo producen y difunden en la cada vez mayor carencia de recursos.

No hay en el país quien ignore que el magisterio es una de las ocupaciones peor retribuidas. Otro tanto ocurre con los profesores de enseñanza media. Las propias autoridades de la ANEP –las salientes y las entrantes, puestas por los respectivos gobiernos– han declarado la desfinanciación de los servicios a su cargo. A unos y otros de estos docentes se los prepara ahora con carreras cada vez más cortas y pobres, con el inevitable efecto del deterioro de sus niveles. Los docentes universitarios perciben ingresos muy inferiores a los que les proporciona su actividad profesional; y los fondos de que dispone la Universidad le impide otorgarle el régimen de dedicación total a la mayoría de los investigadores que aspiran a él, con la respectiva aprobación de su nivel académico. Ni que hablar de la desfinanciación y pobreza de sus contados posgrados. Lo que rápidamente está convirtiendo a nuestra única verdadera Universidad, en una de tercera o cuarta categoría en la comparación internacional.

Cuando se lanzó la iniciativa de establecer por plebiscito un porcentaje fijo presupuestal para la Enseñanza, el hoy diputado Pablo Mieres planteó que –existiendo consenso político general en la necesidad de incrementar radicalmente los presupuesto educativos– era mejor llegar a un acuerdo de caballeros entre todos los dirigentes partidarios para comprometerse a ese aumento sin necesidad de incluirlo en la Constitución. Recuerdo que le contesté duramente en una columna. Personalmente prometió contestame de manera pública; pero nunca lo hizo. Lo que ocurrió después y lo que está aconteciendo ahora me dan la razón (¿Qué pensás hacer ahora, Pablo, que tenés voz y voto en el Parlamento? Porque me imagino que habrás comprendido que éstos no son caballeros…).

El principal y último gesto autonómico de la Enseñanza no universitaria había sido la propuesta por elección de los profesores para la Dirección General de Enseñanza Secundaria, de ese lujo de candidato que fue el doctor Arturo Rodríguez Zorrilla. Candidatura frustrada en el Senado por el nefasto Martín Etchegoyen. Más adelante vendría la ley Sanguinetti, para trampear de hecho la autonomía que consagraba la Constitución. Después se armó la Administración Nacional de Enseñanza Pública (ANEP), con su Consejo Nacional de Educación (Conae) designado en repartija política, por decisión del Poder Ejecutivo, como los demás entes pseudoautónomos.

En el segundo turno gubernamental de Sanguinetti, éste llevó a la Dirección de ese ente a Germán Rama, el cual decretó por sí una reforma general de la Enseñanza que nadie pudo discutir. Que se aprobó legislativamente sólo en sus disposiciones presupuestales, que contó con préstamos del BID, y que al finalizar su mandato el mismo Rama declaró quedar desfinanciada.

Jorge Batlle prefirió para ese cargo a Javier Bonilla, el que se presentó con otro estilo y abrió espacios de diálogo. Mientras el equipo económico del gobierno dedicaba un monto ridículo para la ANEP, desoyendo al propio Rama, el Codicen envió una propuesta que superaba en 200 millones de dólares al proyecto del Poder Ejecutivo. Los líderes oficialistas de la coalición pusieron el grito en el cielo: ¿cómo era posible que el Cociden «desobedeciera» al gobierno central? Fue cuando a Bonilla se le ocurrió invocar la autonomía que formalmente consagra la Constitución, y que la dirigencia política tradicional había resuelto abolir de hecho.

El pequeño detalle es que Bonilla olvidó que él fue designado por ese mismo mecanismo de disciplina jerárquica autoritaria, que contraviene a la autonomía constitucional que invoca. De cualquier manera es un gesto que lo reivindica. Al fin y al cabo la coalición prometió en la campaña comicial incrementar los miserables sueldos docentes y llevar el Presupuesto de la Enseñanza al 4,5% del PBI. Bonilla y sus socios del Codicen no hacían más que alinearse en esa perspectiva, omitiendo que ella no fue nada más que una «promesa electoral».

Por cierto que el Proyecto del Codicen no contará con los votos parlamentarios de la coalición, ya decididos en favor del ministro Bensión. Pero además, desde la última reforma constitucional, contradiciéndose en su texto, la carta faculta al Ejecutivo para remover a los miembros de éste como de los demás entes pseudoautónomos; por lo que las autoridades de la ANEP han puesto sus cabezas en el picadero. No creo que ocurra aquí una «ejecución», pero sería lo mejor que le podría pasar al Lic. Bonilla para salvar su honorabilidad en el ejercicio de la Dirección de la Enseñanza.

Después de un quinquenio de Rendiciones de Cuentas de «artículo único» (o sea: «aumento cero»); a la Universidad, en una ostensible y muy conocida penosa situación financiera, con sueldos vergonzosos y muy comprimidas partidas para el 80% de la investigación científica que se realiza en el país, el proyecto presupuestal del Poder Ejecutivo su asignación actual. La ya crítica situación de la enseñanza superior, se verá agudamente agravada en los próximos cinco años.

La agresión alcanza en general a toda la investigación científica académica. No sólo no aparece incremento alguno para el miserablemente dotado Fondo Nacional de Investigaciones, sino que su actual partida anual se prevé por una sola vez. Mientras se secundariza al Conicyt y se reduce el peso académico en él; además de sustraérsele la administración del préstamo BID II.

Vale decir que el gobierno encabezado por Jorge Batlle, que –al igual que el de su antecesor Sanguinetti– ha afirmado con insistencia la primordial importancia estratégica del conocimiento superior para el mundo de hoy y para el futuro nacional, no tiene el menor inconveniente en someter a sus productores y la principal institución que los alberga a uno de su peores maltratos históricos (¡lo que es mucho decir!) a la hora de la adjudicación de recursos.

Frente a esta dramática situación, llama la atención la pasividad de la Universidad oficial. Sus autoridades han optado desde hace ya bastante, y con inútil resultado, por hacer ‘buena letra’ con los gobiernos de turno, omitiendo su obligación de defensa principista a que la mandata el artículo 2º de su Ley Orgánica. Su rector ha realizado ingentes
esfuerzos por mejorar las relaciones con el Poder Ejecutivo (¿Qué vas a hacer ahora, Rafael, que Jorge Batlle te dejó «con las ruedas para arriba»?). Y su movimiento estudiantil, otrora vanguardia de movilizaciones populares y actor en la calle de importantes conquistas, aparece ahora adormecido.

Ya sé. Los defensores del oficialismo reiterarán el verso de la actual crisis y de la carencia de recursos para atender estas necesidades.

Lo cual es falso: recursos hay. Lo que ocurre es que están radicados en lugares y con destinos que no son los que las prioridades del país requieren.

Pero este ya es otro tema, de esta serie sobre la «pálida uruguaya».

 

*Sociólogo

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