Yo leí otro Vázquez
Raúl Legnani
Tengo la impresión que leí otro discurso de Tabaré Vázquez, muy distinto al que han leído otros. Puedo estar equivocado, cosa que me importa poco.
Error (I)
En los últimos días se ha dicho, por parte de dirigentes de los partidos tradicionales, que el líder de Encuentro Progresista se ha afiliado a la tesis de la confrontación, con el fin de borrar las diferencias internas de su fuerza política. Veamos.
La definición de una política opositora no implica, por cierto, transformar al EP en una fuerza iracunda, con la bandera de la guerra total. Tampoco el simple hecho de que se interpele a algún ministro puede estar implicando la ruptura con las lealtades institucionales. Blancos y colorados son oposición en Montevideo –en la Junta, en el apoyo a la derogación del cepo, por ejemplo– y no por eso sería justo decir que andan por las calles con los cuchillos entre los dientes.
Acá en este país hubo un pacto entre dos partidos, ganaron el balotaje, se comprometieron a gobernar y están gobernando. No se les puede pedir a los otros que vean el juego por televisión. Mucho menos a la fuerza política que es la mayoritaria.
Más o menos
Se dice que el discurso fue para superar las contradicciones internas de la izquierda. Por lo general, los discursos de los líderes siempre tienen una cuota parte de intento de alinear a sus hombres y sectores. En este caso pudo haberlo tenido (si se quiere debe haberlo tenido), pero nadie duda que las diferencias en la izquierda –por encima del tema de la reforma constitucional y de la metodología para instrumentar el debate interno ideológico– son de la más civilizadas de los últimos tiempos.
Desde otro ángulo, particularmente de izquierda, se ha puesto el acento en la alegría sobre la definición de fuerza opositora (como si hasta ahora hubiera sido fuerza de gobierno), por ello se le hace aparecer como un activo firmante por el referéndum contra la Ley de Urgencia (tengo entendido que no es así) , y que el gobierno es neoliberal. Hay como una satisfacción de que no abandonó los principios y los textos sagrados.
Cuál es la novedad del discurso
No hay duda de que estamos ante un cambio de actitud discursiva frente el gobierno del doctor Batlle. Se sustituye la crítica por los abrazos y los regalos al Presidente, pero tampoco es sustancial.
En el marco de un mar de ironías sobre la coalición de gobierno, el presidente Batlle se salvó, por lo menos en lo fudamental. En ningún momento Vázquez abrió una polémica personal con Batlle. La eludió.
Si el presidente del Encuentro Progresista se hubiera quedado en las ironías –en su gran mayoría finas ironías–, si se hubiera quedado en anunciar en medio de los aplausos que este gobierno es neoliberal, nada nuevo habría bajo el sol. Pero el tema es que lo hay.
Querer poner en sexto lugar, en décimo, o equiparar los distintos aspectos del discurso, es no querer ver la novedad de la propuesta.
Vázquez en un pasaje de su discurso dice cosas como éstas: «Hagamos un pacto social por el crecimiento económico, por el progreso humano y el desarrollo sustentable de nuestro país. ¿Y por qué un pacto? Porque la democracia es sustancialmente un pacto. Un pacto de culturas, dicen unos. Un pacto de clases, dicen otros. Un pacto al fin».
Si esto no es lo sustancial del discurso, uno ya no entiende más nada. En esos pocos párrafos Vázquez está renovando el pensamiento de la izquierda, mucho antes que lo hagan los talleres, si es que alguna vez llegan a hacerlo. Sobre esas palabras hay para hacer un tratado, que por cierto excede el espacio que tenemos. La afirmación de la democracia como un pacto, no está en los libretos viejos de la izquierda..
Pero, además, dice otra cosa: «Si estamos de acuerdo mañana mismo podemos comenzar a trabajar conjuntamente en los niveles que correspondan las fuerzas políticas, las organizaciones sociales, sindicales, comerciales, con un gran frente social para trabajar por el Uruguay de los próximos años».
Vázquez se pone con esa iniciativa y con esa formulación en el centro del escenario político sin excluir a nadie. Da la sensación de una movida política no para marginar al Encuentro de las decisiones del país, sino para integrar a su fuerza al ámbito del poder. Es que su discurso, de principio a fin, es de alguien que no está descartando que en medio de marchas y contramarchas, en algún momento el país lo requiera en los próximos años. Ha optado por el riesgo del entendimiento y no por el conocido camino de la resistencia. Algo nuevo hay bajo el sol.
*Periodista
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