La Lengua no es de trapo

Poniendo el acento

Escrito por: JUAN MENDIETA

Viernes 05 de enero de 2007 | 2:24
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Leo en El Observador del miércoles 3:

“El sólo anuncio de que el Frente Amplio analizará plebiscitar junto con las próximas elecciones la posibilidad de que voten los uruguayos residentes en el exterior, provocó el rechazo de blancos y colorados”.

¡Dichosos los ingleses y demás anglófonos que no usan tildes en su ortografía! Porque mire que dan dolores de cabeza, ¿eh? No me refiero, naturalmente, a los tildes que expresan gráficamente la correcta acentuación fónica de un vocablo. No estoy hablando de la tercera persona del singular del pasado simple del verbo caer –cayó– que si no le ponemos el acento gráfico sobre la o final, estamos refiriéndonos a un peñasco rocoso (cayo). En este diáfano ejemplo se demuestra la utilidad de la tilde.

Puede haber –no lo niego– dificultades para aprender las reglas de la acentuación, esto es, recordar que las palabras graves llevan tilde sólo si terminan en cualquier consonante que no sea ene o ese (cáliz) o que todas las esdrújulas sin excepción llevan tilde (República) o que las agudas lo llevan si terminan en vocal, en ene o en ese (café, canción, marqués).

Pero el problema se presenta con las tildes que no reflejan acentuación fónica sino que sirven para diferenciar las funciones gramaticales que puede cumplir una palabra. Sabemos que debemos escribir qué con acento cuando funciona como pronombre exclamativo o interrogativo, y que sin tilde cuando es conjunción. En estos casos estamos ante lo que se llama tilde diacrítico, que se usa en numerosos vocablos (si, quien, cual, donde, de, etcétera). Según se nos enseñó en la escuela, la palabra solo se escribe sin tilde cuando funciona como adjetivo (se quedó solo) o como sustantivo (un solo de flauta). En cambio, cuando funciona como adverbio y se puede remplazar por solamente o únicamente, lo escribimos con tilde: sólo nos queda rezar; tenemos sólo una vida.

Dicho esto, parece claro que en el enunciado de que me ocupo hoy, el vocablo solo es un adjetivo, por lo que la tilde está de más. Piénsese que si en vez de hablar de “anuncio” (el solo anuncio) se hablara de “idea”, por ejemplo, diríamos “la sola idea”, y a nadie se le ocurriría escribirla con tilde.

Ahora bien, hace un tiempo, la Real Academia Española decidió que unas cuantas palabras que en determinada función gramatical debían necesariamente escribirse con tilde podían escribirse sin tilde, a piacere del escriba. Entonces, teniendo en cuenta la flexibilidad académica, sugiero escribir la palabra “solo” siempre sin tilde; así nos evitamos estas metidas de pata.

Claro que hay casos en que debemos recurrir a la tilde diacrítica para evitar confusiones. Si escribo, por ejemplo, que alguien se tomó solo medio litro de grapa, el lector debe suponer que ese alguien tenía una pena de amor y se refugió en el alcohol para olvidar a la ingrata. Si en cambio escribo que alguien se tomó sólo medio litro de grapa, el lector debe entender que ese alguien es un bebedor moderado.

–Ese alguien moderado soy yo, Mendieta, que hace como cinco minutos que tengo mi copa vacía. ¿Qué espera para mandar la vuelta?

–¡Qué lo parió! *

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