La lengua no es de Trapo

¿Cuál es el plural de cualquiera?

Estaba escuchando la radio mientras saboreaba unos mates matinales (perdón por la aliteración), cuando oí a alguien (no retuve su nombre) decir algo así: «necesitamos un par de camiones; con eso nos arreglamos, dos camiones cualquiera…»

Di un respingo y casi me quemo con el agua caliente del termo al comprobar que ese buen señor no había observado la correcta concordancia entre un sustantivo y su determinante; como si hubiera dicho dos camiones azul o dos camiones grande. Si el sustantivo está en plural (camiones), el determinante también debería estarlo, ¿estamos de acuerdo?

Ahora bien, ¿y cuál es el plural de cualquiera? ¿Será, acaso, cualquieras? ¿Habrá que decir, por ventura, dos camiones cualquieras?

Nones.

El plural de esta palabreja que la Real Academia se empeña en considerar un pronombre indeterminado (aunque para mí cumple función de adjetivo) es cualesquiera. Está formada por el relativo cual y el verbo querer, y pierde la a final cuando está ubicada antes del sustantivo: un libro cualquiera; pero cualquier libro. Y su significado (aunque todos lo conocen) puede expresarse mediante la oración «no importa cuál». Por ello, lo que varía según el número del sustantivo no es el verbo querer pero sí el relativo cual.

En razón de ello, la célebre canción sobre un bóvido hembra muy conocido por estos pagos –de cuyas generosas ubres proviene una particular leche merengada– debería decir –en caso de que el tambero tenga más de una vaca lechera– «no son vacas cualesquiera». Y si lo anteponemos al nombre, hemos de decir no son cualesquier vacas, por más raro que suene, ¿vio?

Cosa rara la idioma. Y este no es el único caso en que el verbo querer interviene para formar un único vocablo junto a un gramema. En efecto, tenemos el adverbio de lugar «dondequiera» (que por ser adverbio no varía en número así que no hay problemas para el plural) que significa «en cualquier parte», y que adquiere la forma arcaica doquiera (o doquier).

Es lo que le pasa a la Pobre Fea del tango grabado por Gardel (vos también, Carlitos, cantaste cualquier cosa), que era tan fea, pero tan fea, que la gente se reía de su fealdad, y a su paso, las «burlas inhumanas» la herían «por doquier».

–No siga, Mendieta, que me dan ganas de llorar al recordar tan triste historia… Mejor nos tomamos otra y brindamos a la salud de las lindas; de ninguna en particular, sino de las lindas cualesquiera, ¿no le parece?

–¡Qué lo parió! *

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