Una ministra que habla de más

El viejo e irresuelto problema de los aranceles en el Mercosur se metió en el medio; esta vez la decisión la tomó Uruguay. Mientras tanto el presidente argentino Néstor Kirchner mira, entre dolido y sorprendido, para otro lado, porque la nueva realidad que se está planteando en el bloque es distinta a la que se vivía antes, cuando Uruguay languidecía en el marco de un endémico subdesarrollo. Ahora, con los índices de crecimiento más altos de América Latina (junto a los de la propia Argentina), está mostrando otra capacidad para adoptar medidas dentro del Mercosur y no ser, como hasta ahora, sólo un «enano protestador» que asistía preocupado y rezongando a las acciones de los países mayores.

Por supuesto, Kirchner en el fondo está seguro de que el Mercosur consiste fundamentalmente en una fuerte alianza entre Brasil y Argentina, de la que participan por añadidura Uruguay y Paraguay, por estar insertados en la región y el otro socio mayor, Venezuela, que de alguna manera todavía no tiene un claro papel asignado en el confuso juego del poder mercosuriano.

El concepto del habitante de la Casa Rosada tiene algo de cierto, no lo desmienten los hechos, pero parcialmente, porque Uruguay tiene un enorme peso fundacional y simbólico, por lo menos, en la alianza sudamericana y su actual posición de hacerse respetar está conmoviendo hasta los cimientos mismos del acuerdo regional que llegó a ser una «unión aduanera», que favorece a Uruguay por la caída de aranceles en su comercio regional, pero que todavía no ha servido para equilibrar su balanza de intercambio, pese a que las ventas que se hacen a los países vecinos, a diferencia de las que tienen otros destinos que buscan fundamentalmente materias primas, tienen una muy importante integración de mano de obra.

Existen recelos por cosas que no se han hecho, por esa balanza comercial negativa para Uruguay, por las barreras que se encuentran en neumáticos, bicicletas, arroz, etc., pero ­ como lo explicitó el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, en el almuerzo de ADM ­el comercio con el Mercosur es de tal magnitud para Uruguay que sería suicida prescindir de él.

No es tan fácil para el país la decisión de sustituir el acuerdo regional por un TLC, porque los perjuicios a corto y mediano plazo de la recomposición económica provocarían consecuencias muy difíciles de cuantificar. Es muy ligero sostener, como hacen algunos, que el Mercosur no le sirve al país, cuando a través de ese mecanismo tenemos el mayor intercambio comercial, pese a lo cual ­ reiteramos- mantenemos un deficitario equilibrio de la balanza comercial.

Por ello hay que seguir trabajando en la misma dirección que hasta ahora. Como se hizo en Brasilia, plantear con severidad las deficiencias del acuerdo regional que nos afectan, señalando siempre que las decisiones trascendentes no pueden quedar en manos, como hasta ahora, de los socios mayores, porque en este partido jugamos todos.

Es necesario que lleguemos a acuerdos. La propuesta de Brasil, que aceptaría que productos confeccionados en Uruguay con elementos provenientes de terceros países, sean aceptados como si fueran enteramente de industria nacional, sería un paso adelante que favorecería a nuestra industria, siempre acotada por las limitaciones de tamaño de nuestro país y, por consiguiente, de la falta de proveedores nacionales de muchos insumos fundamentales. Veremos si esa facilidad se concreta, que podría determinar una ampliación de nuestra oferta exportable con incorporación de mano de obra nacional.

Lo que en primera instancia parece más difícil de lograr es un permiso genérico para permanecer en el Mercosur, tener aranceles 0 dentro del acuerdo regional y, además, que los socios acepten que Uruguay firme un TLC con EEUU, que implicaría un régimen arancelario similar con el país del norte. La ministra de Economía de Argentina, Felisa Miceli, con un tono desagradable y palabras de más, dio a conocer su posición, que al parecer es también la de su colega de Brasil, avalada por lo menos por el gobierno de Néstor Kirchner, de que esa pretensión uruguaya es inaceptable.

Lo que no tuvo en cuenta la ministra argentina, a la que le están rodando muy bien los números de la economía, que la realidad de la zona es distinta y que Uruguay crece a un ritmo también muy importante, pese a la insólita oposición de su país a que en Fray Bentos pueda funcionar con tranquilidad, producir favoreciendo a la región, la empresa pastera Botnia, que ­ por supuesto ­ también requerirá materias primas de la provincia de Entre Ríos, cuando los ciclos biológicos de los montes uruguayos, que son finitos, así lo determine.

Una planta pastera que se levanta con el mayor cuidado, para que no moleste con olores ni fluidos indeseables a los habitantes de la zona, en que se utiliza la tecnología más moderna que se conoce.

¿Ese es el Mercosur que quiere la señora Miceli? El de la irracionalidad, del bloqueo, de las acciones inconsultas, de las posiciones sin sustento, de la agresión a mansalva contra el trabajo de los trabajadores de las dos orillas.

Si esa es su visión, que sepa que la de los uruguayos es otra. Es la de creer que el acuerdo regional no solo implica una unión aduanera, sino la profundización de lazos para que los pueblos puedan estrecharse fraternalmente. *

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