El compromiso nacional
Hugo Alfaro contaba que un día Astor Piazolla y Horacio Ferrer visitaron la redacción de Marcha, donde entre copas, aplausos y bromas, por supuesto que Peloduro y el Hachero estaban presentes, se programó una actuación del quinteto, que según el maestro, por ser para Marcha sería gratis. Se pidió prestado un piano al Palacio de la Música. Existieron «algunos problemitas» con los tomacorriente cuando los músicos comenzaron a enchufar sus instrumentos, lo que motivó el comentario de Piazzola: «un día de éstos vamos a morir, todos electrocutados». Al fin el espectáculo fue un éxito.
Al asumir el gobierno nuestra promesa era convocar los Consejos de Salarios en el mes de mayo de 2005, sesenta días posteriores al primero de marzo. Faltaban locales y funcionarios técnicos en cantidad suficiente. La instalación eléctrica era lamentable. ¿Qué hacer? ¿Cruzarnos de brazos? Fuimos responsablemente irresponsables. Armamos la convocatoria, las bases del concurso para más de 30 técnicos, pedimos algunos locales y micrófonos prestados, y el 2 de mayo se convocaron los consejos. ¡Nadie murió electrocutado!
Cuando Piazolla comenzó a revolucionar el tango, realizaba actuaciones en el interior argentino, y luego, micrófono en mano, explicaba su música, incomprensible para muchos por esos años. En la ciudad de San Pedro le salta un oyente preguntón: «Maestro, ahora que terminó el concierto, tenemos ganas de escuchar un tanguito, ¿por qué no se toca uno? Cuenta el maestro que ahí se pudrió todo. Hasta le tiró una carpeta.
Volviendo a lo nuestro, el interior del país y la actividad rural también existían, aunque jamás en 62 años de existencia de la ley de Consejos de Salarios se les había tenido en cuenta. Y como no queríamos que Uruguay siguiera siendo el País distraído de la Cola de Paja, dos meses después, julio de 2005, el interior y los rurales entraban a la cancha grande de la negociación.
Rivera, Bella Unión, Paysandú, Colonia, Melo, Maldonado, Salto, Fray Bentos y otras, fueron ejemplo. A diferencia de la anécdota del preguntón de San Pedro, nadie nos reprochó ni nos preguntó, ni hubo que explicarle lo que eran los consejos. Simplemente se convocaron. Es que existía avidez por ellos luego de decenas de años. Una vez más habíamos sido responsablemente irresponsables, aplicando aquello de que la política es la historia que se está haciendo o que se está deshaciendo. Y por más carencias e inexperiencias que se tenían, nadie se electrocutó. Habíamos dado un paso de siete leguas. Se comenzaba a hacer un poco de historia.
Los años 2005-06 nos demostraron que el país necesita mucho diálogo, luego de una década y media, por lo menos, de ausencia. Y también nos mostró que en países pequeños como el nuestro resultan esenciales los consensos sociales para llevar adelante una estrategia nacional de desarrollo integral. Teníamos que aprovechar la experiencia acumulada de diálogo y la capacidad articuladora del Estado en las relaciones de trabajo, que trascendiendo lo laboral posibilitan dichos consensos, permitiendo coordinar esfuerzos entre el sector público y el privado para la creación de trabajo nacional y el aumento de los ingresos de las familias uruguayas.
Y bueno. El 13 de diciembre se firmó el «Compromiso Nacional sobre Inversión, Producción, Empleo e Ingresos» del cual se venía hablando desde mucho tiempo atrás. Diálogo en el que hubo préstamos, (materialmente hablando), cortocircuitos, cables desenchufados, sensaciones térmicas, ignorancias y resquemores como el del preguntón de San Pedro. Pero así como Piazolla se proyectó hacia el mundo, hoy el diálogo social se proyecta como una herramienta fundamental que trasciende lo laboral, permitiendo pensar en el desarrollo productivo del país todo, para ir haciendo o deshaciendo historia. Porque como decía José Bergamín, «si existe la mala fe, ¿por qué no va a haber una buena duda? Esto es, un poco de audacia, ser responsablemente irresponsables. *
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