Vergüenza en el sur del sur de las Américas

La manida expresión usada por muchos de nuestros compatriotas para referirse a la República en términos de paisito contra la que tanto nos opusimos, parece haber dejado su sedimento. De tanto hablar en diminutivo, se ha asumido en este tiempo una posición de complejo de inferioridad internacional que le hace un profundo mal al país en el concierto internacional de naciones y a la dignidad de nuestra historia y al orgullo de nuestro pueblo.

Por estas horas he regresado de México en el marco de una ida fugaz a exponer sobre políticas públicas en materia social, pero he venido consternado de ver cómo allí, donde estaban representados países de varios continentes, existe hoy una creciente percepción de pérdida de solidez de la imagen de Uruguay que no había vivido nunca en todos estos años y que es realmente preocupante.

Por si fuera poco, por estas horas ha corrido por el mundo la información que en la reunión del Consejo del Mercado Común de Brasilia, la delegación gubernamental uruguaya fracasó en su legítima postura, respecto de los cortes de ruta, el fundamento de alguna medida arancelaria referida a la producción de provincias argentinas, y la necesaria negociación fuera del bloque por parte de Uruguay en la construcción de acuerdos comerciales bilaterales.

Pero se nos ignoró olímpicamente y una vez más en el mercado del sur, hoy cuidadosamente transformado no sé bien si en cambalache o en un mercado de pulgas, se nos dejó de lado.

Muchos años negociamos en Naciones Unidas y OEA desde el máximo honor ciudadano de representar al país, referido a temas de diversa naturaleza, y allí aprendimos que sinceramente este no es jamás el camino argumental que debe transitarse. Uruguay no debe fundar su derecho en la supuesta y falsa pequeñez de su tamaño, los restantes presidentes de los países del MERCOSUR no tienen por qué darnos nada concedido desde el fundamento de nuestra supuesta escasa magnitud, ni debemos nosotros pedirlo con ese fundamento.

Uruguay tiene derecho a buscar horizontes más abiertos y justos en el mundo del comercio internacional, sin perjuicio de su pertenencia al Mercosur, pero también debe ponerse de acuerdo en el interior de su gobierno porque no se puede negociar afuera sin tener alineado al monopólico gobierno dentro, porque hoy todo se informa y el interlocutor con el que se debe negociar también lee la prensa.

No es posible que se tenga al país sitiado, hiriendo de gravedad su turismo creciente y de superior calidad en la región, que se le bloqueen rutas de tránsito para sus mercaderías, que se le agreda ante los organismos internacionales y ante todo esto el resto de los presidentes vecinos se hagan cómplices activos de la agresión y al mismo tiempo se nos deje en posición de pequeños demandantes desesperados.

Ya ha sido mucho el hecho de que nos enteremos de la nueva localización en Uruguay de la duplicada ENCE por la presidencia argentina, pero lo peor es que estemos dando esta imagen de pequeñez que no admitimos, porque no condice con el sentir, ni la cultura, ni con la tradición y la percepción del Uruguay ante el mundo. Estamos nosotros mismos cayendo en el grave error de posicionarnos en segunda división.

Hemos logrado que se nos reconozca nuestro derecho en los escenarios jurisdiccionales donde la injusta política de ententes maliciosas entre los socios no bloquea nuestro derecho, pero es así porque sencillamente tenemos razón y no por el tamaño del país.

Es inadmisible que el presidente de Brasil por dos veces en semanas rechace venir al Uruguay, como quien mira para otro lado, mientras su pariente es apuñalado por la espalda, para no tener problemas con el agresor porque es su amigo y socio.

Pero todo esto pasará, porque en definitiva es un problema de gobiernos. Mas allá de las intenciones y de las por momentos incomprensibles estrategias, se nos está comenzando a afectar en nuestra dignidad nacional, por esta situación penosamente fundada.

Uruguay debe hacer lo que hay que hacer y del modo en que siempre lo ha hecho. Para eso se requiere profesionalidad y profundidad en la acción, y la improvisación y la emotividad con picos de enojo no es el camino. No lo ha sido nunca en el camino de construir prestigio y respeto. Bueno sería tenerlo muy presente.

El mundo no funciona así. Solo se crece y se defienden con eficiencia los derechos desde la legitimidad y la oportunidad de la acción y desde la capacidad sostenida de los planteamientos en el marco de una estrategia centralizada y prolijamente aplicada. Estoy convencido que hay que ir al mundo. Romper el cascarón de una región que ignora al gobierno y salir de gira presidencial para explicar, a los presidentes de los países centrales lo que está pasando. Esto no se arreglara en la zona, desde el ocultamiento de Lula o desde la vergonzosa petroprepotencia condescendiente de un Chávez o desde la inexplicable conducta omisiva y prescindente del gobierno de Chile, por no mencionar al enredado presidente de

Bolivia.

La solidaridad no viene jamás por ser pequeños, porque lamentablemente nuestro mundo tiene países donde su gente muere de hambre y esa sí que mereciendo la compasión de todos, la mayoría de las veces no la encuentra.

Uruguay no necesita compasión, sólo necesita se haga justicia reconociéndole su razón. Se trata de dejar en evidencia la vergüenza de lo que está pasando en esta zona del sur del sur de nuestra América, ante tanta conducta vergonzante acumulada de gobiernos que hasta ayer nomás, tuvieron indebida injerencia en nuestras cosas.

Son los mismos protagonistas que supuestamente amigos y socios ideológicos del partido hoy en el gobierno en Uruguay, incidieron ayer desembozadamente en nuestra soberanía cuando era el tiempo de la pasada campaña electoral, y que hoy miran cuidadosamente para otro lado. *

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