Reivindicación del gallego

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El gallego es bruto, grosero, ordinario, pero sobre todo es un burro.

Y eso que la mayoría de nosotros llevamos sangre gallega en nuestras venas. Una sangre a tal punto respetada por quien suscribe que, en un caso por ahora, me hizo peregrinar hasta llegar al poblado o aldea de San Miguel de Peitieiros en la Provincia de Pontevedra –¡coño!– lugar natal de mi abuelo materno de apellido Piñón.

Estamos de acuerdo, creo, en que tal infamante tradición sigue existiendo aquí y hasta en la propia España… pero… he aquí que se ha hecho público recientemente que una esplendorosa figura del pensamiento europeo contemporáneo es un gallego, tan gallego como Rosalía de Castro o el Gran don Ramón de las barbas de chivo, el Valle Inclán que cantó Ruben Darío.

Se trata de Ignacio Ramonet que habiendo nacido en Redondela, Galicia, ha hecho una brillante carrera en Europa.

Es cierto que se crió en Tánger y estudió en Francia pero ella no quita en cuanto a sus orígenes.

Ya hace más de 10 años que dirige Le Monde Diplomatique, de París, la publicación quizá más importante de la intelectualidad europea actual, reeditada por el mundo entero en diversas lenguas y países: Italia, Alemania, Suiza, Luxemburgo,… España, México, Argentina… Líbano… Grecia… etcétera, etcétera, entre otras.

Actualmente Ramonet es Doctor en semiología e historia de la cultura, profesor de teoría de la comunicación en la Universidad de París VII (ex Vincennes) y autor de numerosos libros tales como Un mundo sin rumbo, La tiranía de la comunicación (3ª edición), Medios, mentiras y democracia, etcétera, aparecidos en varios idiomas.

Aparte de ello es propulsor y coordinador de algunas otras obras colectivas producidas por reconocidos intelectuales de todo el mundo, autores ellos acogidos por Le Monde Diplomatique, publicación ésta que Ramonet señaló alguna vez como la posibilidad de hacer otra lectura de la realidad, es decir: el contraanálisis del mundo actual.

Para terminar: estamos ante un gallego notable, una primera figura de la intelectualidad mundial actual. A mayo abundamiento, otra abrumadora prueba contra la tradición infamante que apunta al gallego ¡coño!

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