Ni Gervasio ni general

A tales conclusiones –lo del título– había llegado el suscrito cuando, en medio de las recientes «exaltaciones» artiguistas, se encuentra con idéntica afirmación en el «alegato» del insigne Eduardo Acevedo que aparece en sus Obras Históricas (Tomo I, páginas 22-23, 2a. edición, 1933).

Hablar del prócer o mito, como frecuentemente se hace, llamándolo José Gervasio es un grave error. Es sucumbir ante papeles y documentos sin tener en cuenta la rica realidad y la vida.

Que Artigas haya sido anotado así por la Iglesia y en posible conexión con el santoral, no significa nada. Lo que importa es el nombre que aquel hombre se dio a sí mismo, es decir, José Artigas lisa y llanamente.

En todos los documentos que conocemos firmados por él –con dos o tres excepciones, según Acevedo– sólo aparece José Artigas. Así lo eligió él mismo, así lo utilizó en la vida pública y política, por lo cual no vamos ahora a enmendarle la plana por razones «documentales» o de papeles. Nada de Gervasio. El se llamó José Artigas, aunque en alguna ocasión o mención pueda aparecer como Pepe Artigas, sobrenombre tomado de la tradición de los José, hecho que nada agrega.

Lo de Gervasio –como enseña Acevedo– no es más que una «agregación póstuma que sólo tiene el mérito (sic) de afear el nombre del personaje».

Tampoco debemos aceptar la iconografía oficial que lo representa disfrazado de «militar», es decir de Blandengue. Es inaceptable porque no refleja su filosofía de vivir ni sus actuaciones en la vida social.

Artigas no fue el milico de uniforme que exalta desgraciadamente la iconografía oficial póstuma. Artigas es físicamente lo que recoge el dibujo de Bompland a partir de la litografía (1843) de Demersay, de un Artigas ya viejo pero que sigue siendo un civil simplemente. El propio Larrañaga, que lo visita en el exilio, dice de él que «no parecía un general«.

Pablo de María, por su parte, explica que «vestía sin ninguna insignia militar«, y años después, el historiador Pereira Rodríguez agrega que «no necesitaba (…) el alarde espectacular del uniforme vistoso«.

No permitamos entonces que la afrentosa milicada pretenda hacerlo aparecer como uno de ellos. Artigas no tiene nada que ver con los milicos sino con el pueblo llano que fue su objetivo, su preocupación y su aliado. Esos mismos fueron los que lo siguieron en la Redota y no los milicos cobardes que conocimos y conocemos. Su gente fueron los gauchos, los indios pampas y guaraníes, es decir, el pueblo llano.

En cuanto a lo de General, en el caso de Artigas es altamente dudoso en el mejor de los casos. Lo del «generalato» según palabras de Eduardo Acevedo, «carece de valor y hasta de significado histórico«. ¿Qué origen tiene ese supuesto grado? Allí también puede presumirse algún manoseo de la verdad.

Si lo de Gervasio no le encaja, menos aún le va lo de general. En el mejor de los casos lo seguimos hasta teniente ocupado de «perseguir a malhechores y vagos» –hoy hay otros trasgresores hasta en el mundo político– del Estado Oriental, en un proceso en que va desde Capitán de Milicias de Caballería al cargo de Ayudante Mayor de Blandengues, dos años después.

Pero ya en 1810, cuando asciende en su rango, llega al grado de teniente coronel a partir de su condición de Capitán de la 3a. Compañía, todo ello en lo burocrático o formal. Lo de general es pura chafalonía póstuma y oficial, siempre algo dudoso que no aparece documentado. ¿Origen, lugar? ¿Quién lo establece? Paralelamente, en las denominaciones populares, Artigas se nos aparece con los «títulos» de protector, magistrado, jefe, padre y hasta juez, lo cual sería su verdadera condición.

Pero no debemos olvidar que el propio Artigas había señalado en 1816 al Cabildo que «los títulos son los fantasmas de los Estados«, a lo que agregaba: «por lo mismo he conservado hasta el presente el título de un simple ciudadano«.

Nada de Gervasio, nada de general, sino José Artigas lisa y llanamente. Aunque pueda decirse –como dice Acevedo– «que Artigas es ante todo un estadista y que fue militar porque era necesario que alguien mandara los ejércitos, porque su tarea es fundamentalmente cívica«.

Por su parte, Héctor Miranda señala que era «padre de los pobres y providencia de los desamparados«, mientras Lever lo califica de «guerrero y estadista, republicano y americano«. A lo que agregaríamos, cacique o guerrillero desde una perspectiva actual.

En resumen, nada de Gervasio ni General: José Artigas simplemente.

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