TLC sí, TLC no: las contramarchas del gobierno

Enero de 2006 – El ministro Astori declara que es partidario de que Uruguay llegue a un tratado de Libre Comercio con los EEUU, después de haber acordado un tratado de inversiones con ese país en el año 2005. Marzo de 2006 – Plenario del Frente Amplio para analizar la propuesta de esa fuerza política en lo que respecta a los tratados bilaterales de libre comercio con otros países y se llega a una fórmula ambigua en donde quienes dentro del Frente eran partidarios del TLC sostienen que con la misma no se prohíbe la celebración de ese tipo de acuerdos, mientras que quienes estaban en contra sostienen que se ratificó la posición contraria de la fuerza política.

Mayo de 2006 – El presidente Vázquez va a Washington y deja traslucir ante algún periodista uruguayo la posibilidad de irse del Mercosur y pasar a estar en la misma situación que Chile y Bolivia como países observadores pero no integrantes. Al mismo tiempo se reúne con el presidente Bush en la Casa Blanca (seguramente no para hablar de Irak o del Muro en la Frontera con México) y acuerdan conformar una comisión técnica para avanzar en un acuerdo comercial, o sea, un TLC.

Octubre de 2006 – Vázquez anuncia en el Consejo de las Américas, en referencia a la posibilidad de un TLC con los EEUU que el tren pasa una sola vez, en obvia referencia a que no se podía perder la oportunidad, en tanto el canciller Gargano, marcando clara discrepancia con el Presidente expresa el mismo día que hay que tener cuidado porque si uno se coloca delante del tren, éste puede pasarlo por arriba.

Noviembre de 2006 – Mientras tanto, sectores, dirigentes e influyentes legisladores del Frente Amplio como los senadores Couriel y Lorier y el diputado Roberto Conde del Partido Socialista realizan pronunciamientos y actos en contra de la iniciativa del gobierno de su propio partido y comienzan a convocar a adherentes frenteamplistas para levantar la voz en defensa de lo que consideran sectores fundamentales de la industria nacional y de la coherencia del Frente.

Sorpresivamente, el Presidente de la República da marcha atrás en todo este proceso y anuncia, ante la perplejidad de muchos agentes económicos e incluso de los negociadores del acuerdo, que no vamos hacia la suscripción de un TLC, sino que vamos hacia una nueva modalidad de acuerdo con los EEUU denominado TIFA, que en realidad no es otra cosa que una declaración de amor y de buenas intenciones.

Sectores tan importantes en nuestra economía como la industria textil, las industrias lácteas, las de software y la misma industria frigorífica, que son grandes ocupadores de mano de obra vieron así desvanecerse sus ilusiones, no solo de colocar productos uruguayos sin aranceles en la economía más grande del mundo sino incluso lo que es más importante, lograr en un mediano plazo tener la estabilidad de mercados que resulta fundamental no solo en lo económico sino también en lo psicológico para estimular y motivar el crecimiento de la producción nacional.

Hoy el ministro Astori sigue sosteniendo que no está cerrada la posibilidad de un TLC, situación poco creíble. De cualquier forma para el Uruguay continúa siendo cuestión esencial la apertura y la estabilidad de mercados, habida cuenta de la situación adversa dentro del Mercosur y de que nuestro mercado interno es casi inexistente. La posibilidad de alguna asociación comercial con Chile, el país de América Latina con más acuerdos de libre comercio con otros países del mundo, incluso EEUU, puede resultar una interesante vía, ya sea por exportaciones a ese país, pues nuestras economías resultan ser más complementarias que con los dos grandes vecinos, o ya sea porque podemos transformarnos en socios para producir mayores volúmenes que el país trasandino puede colocar en el mundo en mérito a los caminos comerciales que con mayor inteligencia y mucho más coraje ha abierto. *

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