Pinochet, el mito económico que nunca existió
La bonanza económica en el período de gobierno del dictador Pinochet solo es un mito, que ni eso debe quedar en la memoria colectiva, por no ser verdad.
Chile en cifras nos deja perplejos: hasta el año 1987 (tres años antes del retiro de Pinochet) el índice de pobreza llegaba al 45% de la población, lo cual había generado levantamientos y protestas en las zonas marginadas de la población, a pesar de la férrea dictadura sangrienta.
Una de las expresiones más comunes de malestar social contra el gobierno militar fueron las protestas callejeras a partir de 1983. En las poblaciones marginales de Santiago y de otras ciudades las protestas fueron más fuertes. Durante una de ellas, en la población La Victoria, fue asesinado el sacerdote francés André Jarland, en setiembre de 1984.
Fue recién tres años antes de su derrota, que la dictadura toma desesperadamente un equipo económico de corte neoliberal, que innova en el continente las corrientes nuevas fondomonetaristas. Pero dichas medidas no tuvieron gran repercusión social, pues no estaba contemplado ello en sus objetivos. Pinochet deja su gobierno en el año 1990 con un 40% aproximadamente de la población viviendo en la pobreza y un 15% de ellos en la indigencia.
Tuvo un cambio de rumbo económico, tardíamente, cuando las bases sustentables o adversas ya lo expulsaban a pesar de su poder dictatorial y el apoyo exterior comenzó a dudar de su continuidad. El repunte socioeconómico se constituyó con los gobiernos democráticos. Del 45% de índice pobreza en el año 1987 (período militar), se pasó a menos del 17% en la actualidad; y la indigencia, del 15% en la era de Pinochet, pasa ahora a 4,5% con los gobiernos progresistas.
En Chile de Pinochet la deuda externa se agigantó, las principales macroempresas nacionales y extranjeras (450) tuvieron que ser asistidas o quebraron en dicho período, los sectores medios colapsaron en gran medida.
El 10% de las exportaciones se destinaba para la compra de armas, mientras solo el 55% de la población tenía un estatus de no pobres, cifra que en la actualidad sobrepasa 82%.
Chile vivió mayormente oprimida socialmente en el período de la dictadura, como lo marcan las cifras basadas en «Mideplan». También los horrores del régimen sangriento no sólo fueron en el entorno socioeconómico: se estima de fuentes confiables que fueron asesinados entre 3000 y 10.000 chilenos, que se detuvo por averiguaciones o familiaridad con los luchadores sociales a más de 750.000 personas, y que estuvieron en prisión, con torturas y todo tipo de vejámenes, más de 30.000 chilenos.
Poco queda del mito económico atribuido al dictador, si en los últimos tres años cambió el rumbo macro de la economía después de 15 años de fracasos y endeudamientos. Recién Chile comienza a tener una balanza de pagos favorable entre las exportaciones e importaciones de más 10.000 millones de dólares a partir del año 2005. El poder aferrado a la sangrienta represión sin intervención democrática (con sus carencias), lleva al abuso de él y extremiza a un reducido núcleo social que se favorece a costa de la fuerza bruta y ensangrentada con la represión. Eso es denominado «fascismo», tal cual se dio en Chile.
El poder por el poder (según los sociólogos) pasa a tener su propia dinámica para continuar en él, reprimiendo y eliminando a sus adversarios y posibles enemigos futuros (como los EEUU con el eje del mal) basado en el objetivo de continuar el liderazgo, empleando cualquier medio para ello, dejando lo social, lo nacional, los principios originales, los derechos humanos y hasta el propio país a los objetivos del poder.
Pero en Chile las semillas de los partidos no se murieron, a pesar de los intentos de eliminarlos. La propia resistencia y sus ideas resurgen de sus semillas. *
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