¿Qué pretende pescar Kirchner en el río Uruguay?

Uruguay, con dignidad y fuerza, está defendiendo elementos sustanciales que están en la base misma de su existencia como país insertado en el acuerdo regional del Mercosur. En primer lugar reclama que se cumpla con lo que establece el Tratado de Asunción sobre el tránsito de personas y bienes en los países miembro, posición avalada por un Tribunal del propio Mercosur, poniéndose punto final a los cortes de ruta.

En segundo lugar, en materia comercial, mantendrá en alto su decisión de aplicar un trato diferencial a las importaciones provenientes de las provincias argentinas, donde las fábricas tienen exenciones impositivas y los productos ingresaban a Uruguay a precios que determinaban una competencia totalmente desleal con la industria nacional. Esos productos argentinos tendrán que abonar un porcentaje de entre el 18 y 20%, igual a los que pagan las importaciones de extrazona, para así ser autorizados a ingresar para su comercialización en el país.

Uruguay no hace más que defender su economía, como hacen todos los países del mundo, sin violentar lo establecido en las bases constitutivas del Mercosur, porque no está en el espíritu de las mismas que los países para mantener la tan mentada e ineficiente unión aduanera, tengan que jaquear a sus propios empresarios.

Argentina y Brasil, para manejar casos cercanos, han aplicado medidas de distinto tipo, incluso algunas bastante discutibles como la que afectó a las exportaciones uruguayas de bicicletas a la Argentina, o como las dificultades y trabas impuestas por autoridades y organizaciones civiles brasileñas para el ingreso de arroz uruguayo al vecino del norte.

Es por ello que los planteos de Uruguay en el seno de la reunión de Ministros del Mercosur tienen que ser serenos, pero severos y enfocados al fondo de la problemática. Porque es en el marco de este acuerdo regional que nuestro país está siendo víctima de su tamaño, de una especie de falta de respeto tácito por parte de los socios mayores, que no se atienen a las bases del acuerdo regional y utilizan todos los mecanismos para cuestionar a un país pequeño y a un gobierno que, por todos los medios, trata de superar los problemas endémicos que le ha provocado el subdesarrollo.

Un país que ha apostado a la inversión extranjera, creando las bases para que se revierta esa negativa ecuación, en que Uruguay aparecía en el continente por debajo de Haití. Hoy en Uruguay, pese a que todos los problemas no se han superado, se invierte, se diversifica la producción, para un mercado interno con mayor y bienvenida capacidad de compra y, además, para cubrir demandas antes inexistentes, hoy provenientes del exterior.

El conflicto con Argentina tiene, en evidencia, razones más profundas que las que se manejan. Pero en lo concreto, en un momento de auge de nuestra economía, cuando el país está en una muy buena posición, pese a algunas situaciones todavía no resueltas (como los precios de los servicios y bienes brindados por el Estado, que evidentemente son caros), el gobierno argentino en una acción insólitamente grave sigue sosteniendo un bloqueo a Uruguay, con el arbitrio de dejar hacer a un grupo de presuntos «ambientalistas» que tienen objetivos, ya, alejados de la realidad cotidiana de esa zona.

Los técnicos más calificados han dicho que las pasteras no contaminarán, pero eso no alcanza. Se ha ofrecido a la Argentina su participación en la comisión de control, pero eso no sirve. Se ha asegurado que ante el primer error de funcionamiento de una de las plantas, la misma será cerrada, sin miramientos. Tampoco ello es de recibo.

Entonces, es hora de preguntarse: ¿Qué se busca? ¿Qué pretende pescar Kirchner en el río Uruguay? *

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