Sobre los modelos de la izquierda

¡Que sea bienvenida la polémica!

En la sociedad uruguaya se están verificando discrepancias enancadas en falsas contradicciones, abundando los reproches sobre la conducta de sectores sociales que en el balotaje, le dieran el triunfo –luego del acuerdo blanco y colorado– al doctor Jorge Batlle. Es que el mundo vive una nueva situación de influencias mutuas en el ámbito mundial, que se llama globalización, pese a que ese término para el sociólogo Alain Touraine, tenga un muy diferente significado al que se utiliza usualmente, definiéndolo como una nueva fase del imperialismo. Ese proceso impulsado por los militantes del modelo neoliberal, quiérase o no, también tiene influencia en nuestro Uruguay, que se deslumbra por lo que está ocurriendo en el ámbito mundial y no puede comprender por qué en nuestro país, con todas las posibilidades de ser un vergel productivo, buena parte de la población, casi un tercio de ella, vive por debajo la línea de la pobreza.

No nos estamos yendo por las ramas al plantear esta situación general, que –en buena medida– afectó también a los uruguayos metidos en la vorágine electoral, golpeados por una propaganda engañosa y por las mismas debilidades de la coalición de izquierda que, con una visión a largo plazo, el doctor Tabaré Vázquez intenta que queden zanjadas en vista de los futuros comicios. Usted se imagina, lector, a un productor mediano de Young, agobiado por el empobrecimiento continuo a que lo llevó la política del sanguinettismo, que le transfirió su riqueza genuinamente lograda al sector financiero y, para peor, a los importadores que llenaron las góndolas de los supermercados con artículos extranjeros que liquidaron la producción nacional y que, hoy, no tienen compradores.

Analice el lector la característica del productor de Young, con esa formación de hombre de campo, criado en férreas tradiciones políticas, sin tener claro cuál modelo de país se le estaba ofreciendo por parte de la izquierda. Su caracterización sociológica, al igual que todas las personas que trabajan la tierra, es la de un conservador. Entonces, ¿cómo era posible que ese hombre pudiera votar caminos para él inciertos, modelos contradictorios o –en el peor de los casos– inexistentes.

¿Qué alternativa al neoliberalismo globalizador le podría ofrecer un Poder Ejecutivo a cargo del Encuentro Progresista-Frente Amplio? La izquierda para lograr el gobierno no debe mostrar solo un camino sustentado en un inalienable basamento ético, sino un modelo concreto, realizable en que la libertad y la democracia sean los fundamentos sustanciales que deben regir en forma plena.

Por ello, cuando el doctor Tabaré Vázquez realizó el llamado para que los frenteamplistas se pusieran a analizar el país que quieren construir, para llegar a conclusiones y, posteriormente, plantearlo a la gente, estaba nada menos que interpretando la carencia sustancial que determinó que aquel productor de Young se volcara a favor de Jorge Batlle.

Porque a ese hombre de campo se le planteó desde los partidos tradicionales, como a muchos otros, que el modelo de la izquierda era similar al de Cuba, o al de la ex Unión Soviética, que se expropiarían tierras, que se cobrarían impagables impuestos a la renta, que se seguiría con la transferencia de riqueza, no como hoy, de quienes producen hacia el sistema financiero y la banca internacional, –implacable política de los gobiernos de Sanguinetti, Lacalle, Sanguinetti y Batlle– sino de los grandes a los chicos, de los que tienen camioneta cuatro por cuatro a quienes, desde sus chacras, concurren al almacén en bicicleta.

Hoy, el país asiste al éxito del modelo neoliberal que instaura, en donde se aplica –menos en los centros financieros del «primer mundo»– la más degradante pobreza. Nuestros jóvenes más lúcidos y formados están emigrando, los científicos e investigadores también, porque han perdido la esperanza de que podamos salir de esta coyuntura adversa. Y la respuesta del gobierno es la peor; recurre al achicamiento presupuestal, a la reducción casi total de los fondos para la investigación científica, aplica «ajustes» hasta en los hospitales de Salud Pública, congela los salarios y otras «maravillas» del mismo corte empobrecedor. Por todo ello, que sea bienvenida la discusión en el Frente Amplio para determinar cuál será la propuesta concreta, ese tan famoso «modelo» al que se arribará con la aplicación de las propuestas progresistas: algunos miran a Suecia, otros a lo que está haciendo la coalición que gobierna Italia. Quizás el modelo progresista para Uruguay sea diferente a todos ellos, acotado a nuestra realidad, pero en el que se consoliden como elementos básicos e indispensables, dentro del imperio de la ética, la más plena libertad y su correlato, el sistema democrático.

Porque, queda claro, que así no podemos seguir.

* Periodista

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