"Lo suyo es desestabilización"
Han sido contundentes las declaraciones del Presidente de la República formuladas en Asunción del Paraguay en respuesta a algunas propuestas del Foro Batllista.
Las iniciativas impulsadas por Sanguinetti apuntan a rechazar los artículos del Presupuesto Nacional enviados por el gobierno referidas a la extensión del Impuesto a las Retribuciones Personales.
La medida, destinada a la impopularidad más obvia, apunta a que el monto de lo pagado se calcule de acuerdo a los ingresos reales y no a un ficto como se hace ahora.
Sanguinetti, en el tema, quiere jugar a la vez como gobierno y como oposición. No quiere pagar los costos de aumentar la carga impositiva, y hacerlo desde el gobierno.
Algo similar se está planteando a partir de las demandas del Congreso de Intendentes que reclama un aporte de 220 millones de dólares de Rentas Generales destinados a las comunas del Interior.
Para el Foro Batllista la cuestión de las finanzas del Estado no debe perder nunca de vista las exigencias políticas, los compromisos con los dirigentes del Interior.
En una reunión reciente del sector, el Intendente de Salto, el forista Eduardo Malaquina, lo dijo sin pelos en la lengua: «Los votos emitidos en el Interior son los que salvaron al Uruguay de un triunfo de la izquierda».
Malaquina agregó que el líder del Foro, Julio M. Sanguinetti, no asistía porque, en la medida que era el próximo candidato del Partido Colorado había que preservarlo para los próximos comicios.
La respuesta del Presidente de la República fue dada durante su visita a Asunción del Paraguay: «Ofrecer aumentos de cualquier naturaleza sin tener recursos es generar déficit y eso desestabiliza la economía y no genera bienestar».
Y por si a alguien le cabía dudas agregó: «Cuando uno dice ‘yo quiero que la intendencias reciban más dinero’, tendrá que al mismo tiempo decir de dónde va a sacar esa plata».
La contundencia de la respuesta del Presidente de la República es visible.
Las propuestas del sanguinettismo «desestabilizan la economía».
Hasta ahora este tipo de imputación se reservaba para las propuestas o posiciones parlamentarias de los sectores progresistas.
El hecho de que haya surgido ahora como una recriminación del Presidente Batlle a Sanguinetti da cuenta de las dificultades «de gobernabilidad» que se perfilen en el horizonte parlamentario.
Salvadas las distancias, la actitud de Sanguinetti (estar con el gobierno pero aparecer distinto) tiene una gran analogía con la del presidente del Directorio del Partido Nacional Dr. Lacalle, aunque éste no fue tan ostensiblemente amonestado como Sanguinetti.
En el fondo, los dos últimos ex mandatarios, ambos con aspiraciones presidenciales para el 2004, están sintiendo el impacto de la creciente pérdida de apoyo que tiene esta política económica.
Y sin salir del gobierno, no quieren estar en el punto adonde se dirigen inquisitivas las miradas de los distintos sectores sociales y territoriales afectados por la inflexibilidad de la política económica del gobierno.
En una palabra, Sanguinetti quiere a la vez repicar e ir a misa. Quiere estar entre los «administradores estrictos» que quieren bajar el déficit fiscal y los «gobernantes comprensivos» que dispensan generosos aportes o eximen de antipáticos impuestos.
«Somos pocos y nos conocemos» pareció decir Batlle cuando le sacó una poco disimulable tarjeta amarilla.
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