Hugo, el de las llamadas a la radio
A Hugo lo conocí personalmente el día en que mi hijo mayor nació en México. Fue durante un acto que realizó el exilio, en solidaridad con la lucha del pueblo uruguayo.
Me presenté y le dijo que una compañera de su organización, a quien él conocía bien, me había prestado su casa para esconderme con mi esposa, poco antes de ingresar a la Embajada de México en nuestro país.
A partir de ahí tuvimos siempre una buena relación, que se profundizó en nuestros esporádicos encuentros en LA REPUBLICA, donde el tema era siempre la política, la izquierda y dos por tres la educación.
Hugo escribía los lunes en la contratapa de LA REPUBLICA, cosa que yo hago los domingos pero en páginas interiores. Yo lo leía, él me leía. Cada tanto me llamaba a AM LIBRE para torearme: «Cómo estará la cosa que hemos coincidido», me decía para abrir el diálogo que luego se extendía por algunos minutos.
Es que Hugo sabía que yo no coincidía con muchas de sus apreciaciones políticas. Yo también sabía que él no coincidía con la mayoría de mis puntos de vista, pero los dos hablábamos el mismo idioma a la hora de establecer las responsabilidades de la derecha civil de nuestro país.
Gracias a esos diálogos, que nunca fueron enfrentamientos, fuimos entendiéndonos cada vez más, comprendiendo que en esta locura de transformar el mundo hay lugar para todas las voces.
Hugo tenía la particularidad y la virtud, entre otros muchos valores, de ser gente. Por eso su muerte duele como todas las muertes, pero duele mucho más porque fue un ser humano excepcional, con el que no te podías enojar por ningún motivo, aunque era incapaz de herir a quien lo enfrentaba con ideas y razonamientos.
Seguramente sus compañeros del PVP y del movimiento sindical tendrán recuerdos de sus luchas, de sus entregas, de sus actos de sencillez heroica. De mi parte prefiero recordarlo dando vuelta el congreso que permitió crear el Encuentro Progresista, con una pieza oratoria propia de los grandes de la izquierda uruguaya. Pero mucho más prefiero recordarlo en aquellas llamadas telefónicas para decirme que coincidíamos y mucho más por las veces que me decía que discrepaba. *
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