Cores: los libertarios no mueren, se siembran

Pertenecía Hugo Cores a la generación intermedia entre la mía y la de mi padre. Diez años más que yo y diez menos que mi padre.

Eran los tiempos del Colegiado, gobernaban los blancos. Habían comenzado los tiempos del achique del país, los conflictos gremiales no eran más que el resultado de la resistencia a esa reducción del nivel de vida de los trabajadores. Inflación y garrote eran la treta utilizada por los gobiernos que planificaron el desmantelamiento del Uruguay a fines de la década del cincuenta. La gente resistía la política del hambre convocándose en los sindicatos. El sindicalismo, como forma de resistencia a una política de destrucción instrumentada en las cavernosidades de ambos partidos tradicionales, era el primer paso en el lento despertar de un bochornoso sueño colonialista: el de la «Suiza de América».

De aquel lejano Congreso del Pueblo, la fundación de la CNT, a la creación del Frente Amplio y su posterior triunfo, habría que recorrer un largo camino de sangre, dolor y lágrimas. Para reprimir a los sindicatos se apelaba a la versión uruguaya del estado de sitio, las medidas prontas de seguridad, art. 168 numeral 17 de la Constitución, por el cual se suspenden derechos individuales y colectivos de los ciudadanos. Por medio de este instituto el gobierno clausuraba sindicatos, diarios, radios; se militarizó a los funcionarios bancarios, se convirtieron los cuarteles en cárceles para obreros y estudiantes. Se comenzaba a entrenar a los militares en el manoseo de su pueblo, a comportarse como lo harían tropas de ocupación extranjeras.

Recuerdo a Hugo, durante las duras huelgas bancarias, nos golpeaba la ventana a altas horas de la noche, venía a avisarle a mi padre que el gobierno había tomado medidas de seguridad y que vendrían por él en cuestión de horas. ¡Seguro, esas noches, él recorría todas las casas, tratando de salvar a la mayor cantidad de compañeros! Durante aquellos años Hugo fue el alma del sindicato del Banco de Seguros. Una noche en el Sindicato de Funsa, Daniel Viglietti le compuso y dedicó aquel poema que decía: «Compañera, vendrán a preguntar por mí»… Se lo tributó en la persona de su compañera, él andaba a monte.

Los encuentros fueron cada vez más aleatorios, en los sindicatos, manifestaciones, en los entierros de los caídos. Luego tras el golpe de Estado, siendo vicepresidente de la CNT, emigró a Buenos Aires y lo perdí de vista. Al retorno de su largo exilio ya mi padre había fallecido, como otros tantos compañeros que tuvieron en Hugo Cores su referente de dirigente jugado, íntegro y cabal. En el año 2001 se cumplían los veinte años de su fallecimiento; a Hugo le dolía la muerte de su entrañable amigo y decidió sacarlo del olvido. Su memoria nos convocó. Y su afecto fue un regalo póstumo del viejo para conmigo. Con la vehemencia que lo caracterizaba hizo un excelente artículo, en el que repasaba su vida y obra. Gesto que no dejaré de agradecer mientras viva, porque no hay peor muerte que el olvido, y de esa segunda muerte él supo salvar, con dignidad, a su amigo y compañero.

A esa altura del tiempo, diez años no son nada: somos ya contemporáneos que pasamos el mismo tiempo histórico desde distintas vivencias. Con más cosas en común hacia delante que hacia atrás. De ahí su ofrecimiento de la oportunidad de colaborar como columnista en este proyecto plural que es LA REPUBLICA.

A él le gustaban mis notas, tanto como a mí las suyas, intercambiando opiniones sobre las mismas en nuestros correos electrónicos. Coincidíamos hasta en aquello que, bien mirado, podía considerarse excedente en una nota, por lo cual, sentía un gran alivio cuando él por su cuenta alivianaba alguna parte de mis entregas. Por su parte, él gustaba de mi estilo algo arcaico, un escribir «desde las tripas».

Era un intelectual de formación marxista, de vasta cultura, un libertario sindicalista, que supo encontrar en la historia americana abono para sus convicciones, luz para su derrotero, en su lucha infatigable por la liberación del hombre.

Por que su integridad, independencia de pensamiento y coraje libertario nos acompañen siempre. ¡Salud! *

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