El señor Presidente sabe muy bien de lo que habla

1.- Mercantilización y Unipersonalización de las Relaciones Laborales.

Cuando el presidente Batlle dice que no quiere leyes flexibilizadoras, sino que hay que dejar actuar a trabajadores y empleadores, demuestra un gran conocimiento de la realidad. Pero como el tero, grita en un lado y pone el huevo en otro.

La mercantilización, unipersonalización e individualización de las relaciones laborales es uno de los planteos que por la vía de los hechos se profundiza más en nuestro país.

A nivel privado y público, con el agravante en este último caso de que no sólo se tolera lo que se hace a nivel privado sino que se fomenta por el propio Estado, quien la practica además.

¿Ejemplos? Hemos mencionado varios en notas pasadas.

Docentes que siendo dependientes se hacían aparecer como empresas unipersonales en una más que conocida institución de jerarcas empresariales que se dedica a organizar almuerzos con presidenciables y personalidades nacionales y extranjeras, con una universidad privada anexa además.

¡300 contratos de arrendamiento de servicios! de un importante organismo de enseñanza, referidos a trabajadores dependientes que aparecían como empresas unipersonales.

Felizmente, quizás tardíamente, en ambos casos el Directorio del BPS actuó como debía.

Podríamos seguir con múltiples ejemplos: empresas de seguridad, algunas mutualistas, la prensa, etc. No obstante queremos centrarnos en el accionar del estado.

Por un lado el ya famoso artículo 178 de la ley 16.713, claramente fomentador de las empresas unipersonales, que promueve la cultura del fraude y el disimulo, alentando la evasión y elusión.

Por otro, el grosero decreto del Poder Ejecutivo referido al personal del MSP, que en forma por demás ilegal, una más, resolvió de un plumazo que unos 1.600 profesionales no eran dependientes sino que ejercían liberalmente la profesión, lo que es también una manera de unipersonalizar las relaciones laborales.

Dejando en ascuas, además, a otros 2.500 trabajadores aproximadamente, ya que a nuestras autoridades de la salud pública no le faltan ganas de ¡unipersonalizarlos!

2.- La venganza histórica.

Mozart Russomano, profesor de la Universidad de Pelotas, Brasil, irónica y amargamente, dice que estamos en presencia de una especie de venganza histórica neoliberal.

Y tiene razón. El neoliberalismo y la globalización se dan la mano para modificar el mundo del trabajo, y retrotaernos 150 años atrás, plena revolución industrial y apogeo del desenfrenado liberalismo económico e individualismo político.

Que en el mundo actual del trabajo se traduce, entre otras cosas, en la mercantilización, unipersonalización e individualización de las mismas, que significa en teoría, el achicamiento, debilitamiento y cuestionamiento a fondo de la propia existencia del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.

El intervencionismo estatal, la acción de los sindicatos y la negociación colectiva, actuando conjuntamente con la Seguridad Social en su concepción solidaria, habían logrado atenuar las terribles consecuencias para las condiciones de trabajo y de vida de millones de hombres, que se habían originado a mediados del siglo pasado a partir de la revolución industrial.

Hoy todo eso se pretende tirar abajo o relativizar su influencia. Pocos parecen advertir, diría Benedetti, que quedarnos paulatinamente sin Estado, equivale a quedarnos también sin democracia.

Y lo mismo con la acción sindical y la seguridad social, agrego. Uno de los más ilustres representantes del neoliberalismo, Milton Friedman, ha dicho más de una vez que la representación sindical y la contratación colectiva constituyen un monopolio socialmente nocivo para el funcionamiento del mercado. ¡Faltaba más!

3.-Tirar abajo el Derecho Laboral y la Seguridad Social.

La transformación de trabajadores reales en empresas unipersonales o trabajadores por cuenta propia de papel, con la pérdida de derechos que ello significa, es una de las tantas consecuencias del planteo neoliberal de reducción de costos laborales y de evasión y/o elusión de las cargas de seguridad social.

En definitiva, en la realidad actual, ¿qué significa trabajo por cuenta propia? «Precariedad y privación de empleo van de la mano. No existen comportamientos estancos. El trabajador es a menudo subempleado, o empleado de manera precaria. El desocupado que está obligado a tener una actividad reducida u ocasional es un subempleado muchas veces». Conceptos más que ilustrativos de G. Lyon Caen, profesor de La Sorbona de París.

Lo cierto es que hoy la frontera entre trabajador ocupado, desocupado, dependiente, independiente, etcétera, es cada vez más difusa.

Todo lo precedentemente expresado ilustra acerca del profundo cuestionamiento del Derecho Laboral, en la teoría, pero fundamentalmente por la vía de los hechos. Obviamente, los neoliberales   neoconservadores no pueden dejar de reclamar ni dejar de hacer lobby para lograr la flexibilización y desregulación.

Pero saben perfectamente que en la realidad no existen salarios altos ni exceso de protección. Todo lo contrario, se reducen costos, se remueve la «basura legislativa», esto es, los derechos del trabajador y las cargas sociales.

Basta con observar la unipersonalización del trabajo, las contrataciones temporarias, la flexibilización en los hechos de la duración de los contratos, posibilitando los despidos sin indemnización.

A lo anterior agreguémosle el debilitamiento del sector sindical, jaqueado por el «desempleo» y el informalismo, con la secuela de inseguridad que genera en el trabajador, precipitándolo a la impostergable necesidad del mantenimiento del empleo a cualquier precio, sea éste la evasión, elusión, incumplimiento de normas laborales, etcétera. Hay que ser competitivos, no importa a qué precio.

Recordemos en definitiva que la relación que liga al trabajador con su empleador, más que jurídica es, ante todo, «una relación de poder». No es un contrato entre iguales.

Y de la Seguridad Social, ¿qué nos dicen? Que traba la competitividad. Que todo el sistema debe estar en manos privadas. Hay que rebajar aportes patronales en forma incontrolada.

El lucro debe ser uno de los motores del sistema, que se pone al servicio del mundo financiero, AFAPs y aseguradoras mediante.

En definitiva, estamos ante la destrucción de la Seguridad Social, afirmando una tendencia que allá por 1993 le llevó a decir al doctor Plá Rodríguez, que existía un cambio de tendencias, trasladándose los fundamentos de la misma de la solidaridad al egoísmo. Esto es, agregamos, la rotunda negación de la naturaleza del Derecho humano fundamental de la Seguridad Social.

¡Pobres jubilados del futuro!

3.- El trabajo no es un artículo de comercio.

El trabajo no es una mercancía, es un concepto consagrado categóricamente en la Constitución de la OIT en Filadelfia de 1944.

Sin embargo, en el Uruguay se le trata como si lo fuera. A la idea de OIT de 1944, el neoliberalismo le opone el concepto de que las personas son recursos humanos, debiendo ser funcionales al mercado, que es lo prioritario.

A diferencia de hace 150 años, hoy no tenemos telares mecánicos ni máquinas a vapor. Hoy, que manda la electrónica con sus fabulosos adelantos aplicados al mundo global, los desequilibrios son aterradores: la riqueza de las tres personas más ricas del mundo es super
ior a la suma del Producto Bruto Nacional de todos los países menos desarrollados, o sea ¡600 millones de personas!

Pero las apetencias del capital son como un barril sin fondo. Ya no basta con la mercantilización, unipersonalización e individualización de las relaciones de trabajo. Destrucción de la seguridad social. Ahora, en una especie de demencia recaudatoria a costa de los más desfavorecidos, una especie de impuesto a la renta al revés, también se les quiere aumentar el gravamen a las ¡empresas unipersonales.!

Como diría Peloduro: el hombre ¿es o se hace, me querés decir?

* Integrante del Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS.  

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