Cumbre en Cochabamba: la hora de los pueblos

En el curso de la semana, entre el miércoles 6 y el sábado 9 del corriente, tendrá lugar en Cochabamba (Bolivia) la Segunda Cumbre Sudamericana de Presidentes y la Cumbre Social de las Américas. Las autoridades bolivianas han considerado que entre los dos eventos se reunirán alrededor de unas quince mil personas.

Tanto la reunión de los presidentes como la de las organizaciones sociales, que preparan su participación en el evento, constituyen hechos de una enorme significación. A la vez, la circunstancia efectiva de una reunión del más alto nivel político-institucional, precedida y acompañada por una instancia promovida por organizaciones sociales, da una muestra inequívoca del original y acelerado proceso de cambios que está teniendo lugar en nuestro subcontinente sudamericano.

No se trata solamente de cambios políticos, de la rotación de los partidos en el poder, la celebración de elecciones con netas victorias progresistas. Se trata de eso más el portentoso despertar de movimientos sociales cada vez más extendidos, más experimentados y con más iniciativas.

En ninguna otra región del mundo las instituciones democráticas tradicionales conjugan su accionar con organizaciones sociales. Importa señalarlo, la confluencia de ambas instancias está programada y marca el reconocimiento que desde las cimas del poder político, legitimado por el apoyo electoral, se establece con las organizaciones populares representativas de los intereses de los trabajadores, los campesinos, los movimientos de mujeres, ambientalistas, movimientos de defensa de la soberanía y demás.

La idea de una Comunidad Sudamericana se lanzó en 2004, con el propósito de promover la integración entre los doce países de la región. En el encuentro presidencial de Cusco (Perú), celebrado en diciembre de 2004, se redefinió la iniciativa apuntando al propósito de crear una «Comunidad Sudamericana de Naciones».

A pesar de la generalidad en los acuerdos, la cita presidencial en Cusco tuvo importantes efectos en la opinión pública y en el marco de discusión de los procesos de integración continentales. Se convirtió en un nuevo «punto de partida» de la vinculación dentro de América del Sur. Al respecto, vale la pena transcribir parte de un artículo de Eduardo Gudynas:

«El problema del programa de la Comunidad Sudamericana de Naciones es su énfasis en el comercio y en la infraestructura, sin incorporar otros aspectos del desarrollo. Estos vacíos han quedado aun más en evidencia al ser señalados por la carta abierta enviada por el presidente Evo Morales, de Bolivia, como una propuesta de trabajo frente a la próxima reunión en Cochabamba. Entre otros temas, Morales advierte que los planes en carreteras y puentes no pueden ser meras vías de paso para las exportaciones, sino que deben generar desarrollo local y regional. Además reclama otros compromisos sociales y ambientales».

Y concluye el analista citado: «La próxima cumbre presidencial enfrenta de esta manera el desafío de poder superar los viejos énfasis comerciales, y pasar a incorporar una visión más amplia del desarrollo, no sólo como una tarea que cubre otros aspectos, como los culturales, sociales y ambientales, sino también como un esfuerzo que debe hacerse entre varias naciones».

En este contexto la confluencia de las organizaciones sociales con la Cumbre de Presidentes es un hecho de gran significación.

Se trata de un intento fundado y valeroso de trazar líneas de relación e intercambio entre las realizaciones del espacio político del Estado con los representantes de las influyentes organizaciones sociales que florecen y piden la palabra en toda América Latina, en una muy singular «hora de los pueblos». *

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