Carta abierta

Para los que se han ido

Leía con dolor y amargura que otro blanco se iba de filas para el Encuentro Progresista. Esta vez le tocó al ex diputado Rubén Martínez Huelmo. Buena persona, diputado que demostró capacidad en su momento (cosa extraña en el medio), de conducta honrada y por qué no, también buen blanco. Al irse del Partido nadie le puede enrostrar nada pues los argumentos que esgrime se están haciendo cada día más válidos. El meollo de las discrepancias se basa en que no está dispuesto a seguir luchando en un lugar donde carece de espacios pues de la colectividad se ha hecho propietario el Dr. Lacalle y su familia.

No comparto todo el argumento. Es muy cierto que el Cuqui dispone en este momento del Partido como si fuese bienes de difuntos. Resuelve, hace y deshace, conversa con el Presidente y arregla lo que se le da la gana, embarca a todos el Partido en posiciones que si las consultara o plebiscitara ni por cerca tendría mayoría, y en esa loca carrera de monarquía absolutista ha llenado (y lo sigue haciendo) de cruces el cementario partidario de buenos «compañeros mártires» que caen en desgracia en su infalibilidad papal. Es el responsable directo de haber dejado a la colectividd sin izquierda nacionalista y popular. También es cierto, por lo mismo, que el Frente se apropió de banderas blancas, yo diría más que por «viveza» simplemente por inercia o abandono de las mismas. Aunque suene exagerado, nuestros diputados preocupados por conservar sus pitanzas están más para obedecer órdenes del Presidente del Honorable que por defender viejos principios.

El apego a políticas económicas de marcado perfil conservador que a diario nos lleva a una crisis que de seguir no tiene precedentes y la mimetización (que aunque lo nieguen es cierto) con los colorados la despersonalización partidaria, etc. Un buen porcentaje de ellos deberían tomar clases de historia blanca pues sencillamente la desconocen. Hay alguno que dudo haya leído ni el Pato Donald.

Y en ese cerco brutal que se hace en la «interna» los blancos progresistas o con inquietudes sociales se fueron yendo paulatinamente. El Cuqui perdió 300.000 votos y no cambió el rumbo. Se siguen preocupando de cómo se reparten los «carguetes». Es así como se ha manejado el Partido. Mientras tanto los buenos blancos miramos absortos y espantados cómo los Martínez Huelmo se van. Y acá está mi discrepancia. Porque a esta altura, creo que el Cuqui, baqueano al fin, sabe que él no puede por muchos años, y la edad lo aprieta, volver a ser presidente. Es consciente, no lo dudo, que con él a la cabeza el Partido pierde. Pero no va a largar la posta pues lo que le interesa en definitiva es ser dueño de la herramienta que es el Partido. Mientras la tenga, tiene la cuota de poder que necesita para su vigencia personal. Prefiere que los blancos pierdan antes que abandonar la candidatura única. Yo no estoy dispuesto a regalarle el Partido por el cual lloré, grité, luché y destiné lo mejor de mi vida en su defensa. Porque también en definitiva, el día que me toque, espero que me entierren con una mortaja blanca. ¡No se vayan los Martínez Huelmo! ¡Vamos a pelearla de adentro, carajo! Soy consciente que los que pensamos así tenemos cada vez menos espacio y nos están ahogando. Soy consciente que los que pensamos así, nos quedamos por afectos, tradición, compromiso histórico con nuestros mayores, cariño por nuestras viejas y abandonadas banderas y respeto por todo lo que los blancos construyeron para hacer la Patria. ¿Qué me puede unir a mí o a los que piensan parecido con el Dr. Ramón Díaz, con Mosca, con De Posadas o con Davrieux por citar los más emblemáticos economistas (aunque sean de distinto «pelo» son y defienden lo mismo) del neoliberalismo vernáculo? Nada. Pero tampoco estoy dispuesto, aunque nos quieran arrebatar dejándonos sin Partido, a regalarles nada sin pelear.

Y también soy consciente, que en este mundo globalizado de mierda que nos quieren imponer, corro el riesgo que me traten de trasnochado. Y capaz que tienen razón. Pero somos blancos y blancos moriremos. Por eso, estimado Martínez Huelmo, si mañana se abriera una rendija en el blindaje del cerco lacallista. ¡Vuelvan compañeros! Vuelvan todos los que como Ud. se fueron hastiados y desilusionados. El Partido Nacional fue su casa matriz. Y nadie abandona a su madre en manos de quien no se quiere. Piénselo.

PD: A pesar de sus resoluciones, nunca se olviden lo que sintieron y gritaron durante tantos años: ¡¡vivan los blancos!!

* Dirigente del Partido Nacional

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