¿Quiénes son los amigos del pueblo?

La recesión es muy aguda, ha llegado a sectores que tradicionalmente no les había tocado. La ortodoxia del gobierno y sus intereses ligados a la banca y el gran comercio hacen muy grande el frente de oposición.

Sin embargo tenemos que tener claro hacia dónde vamos y qué queremos para definir un plan de acción contra el gobierno.

Las prioridades para nosotros están en aquellos elementos que afectan la calidad de vida de la población y permiten mejorarla. No todas las propuestas que están haciendo los sectores que se oponen al gobierno van en esa dirección.

Tres son las grandes prioridades de los trabajadores:

* EL EMPLEO, es decir la generación de condiciones para mejorar la cantidad y la calidad de los empleos. Allí los instrumentos son:

Las políticas activas de empleo a través de créditos preferenciales o exoneraciones impositivas cuando se genera empleo

El mantenimiento del nivel de actividad de las empresa lo que está muy ligado al mercado interno y ello a la mejora general de salarios

La negociación colectiva y el fuero sindical que impida la salvaje desregulación de hecho que se ha instalado en el país.

* UN PRESUPUESTO JUSTO Y REACTIVADOR, lo que supone:

Una reforma tributaria que derogue el impuesto a los sueldos y que reduzca la tasa de IVA, incorporando el impuesto a los altos ingresos y aumentando el de las grandes riquezas.

Un aumento del gasto educativo, de salud, de vivienda y de las políticas de minoridad a cambio de reducir el de defensa, el de relaciones exteriores o los contratos a los amigos.

Un aumento de salarios, en especial a los más sumergidos salarios yendo a una estructura escalafonaria justa y racional.

* FRENAR LAS PRIVATIZACIONES, en especial la locura (¿o negocio?) que se ha instalado con la empresa de telecomunicaciones, junto al tema puerto, alumbrado público, etc.

Frente a esto queda claro que algunas de las medidas propuestas por otras organizaciones sociales son al menos discutibles en cuanto a la confluencia de intereses.

Me refiero particularmente a dos: la devaluación y el achique del Estado.

Veamos primero la devaluación

.Si se da una devaluación, mejoran los ingresos de los exportadores y en el mejor de los casos en esas actividades se generan puestos de trabajo. Digo en el mejor de los casos pues es probable que aumenten su nivel de actividad con mayor intensidad en el uso del trabajo con un escaso aumento del personal ocupado como ha pasado muchas veces.

Al mismo tiempo la devaluación tiene un efecto de arrastre inflacionario y entonces con el 80% de los trabajadores sin convenio colectivo, habrá reducción de salarios.

Y para completar el panorama las deudas en dólares de los trabajadores aumentarán con lo cual caerá aún más el ingreso real de las familias trabajadoras

En síntesis una devaluación es funesta para los trabajadores y las trabajadoras, significará caída del salario real y peor calidad de vida.

Veamos el tema del achique del Estado. Aquí es necesario precisar qué quiere decir el achique del Estado y por qué algunos sectores lo sienten grande. ¡Cómo un trabajador no lo va a sentir pesado si por vía del impuesto a los sueldos, el IVA y el IMESI se le quedan con un 25% del salario líquido que cobraría a fin de mes! Cómo no lo va a sentir grande un productor que tiene que pagar los impuestos a renta de industria y comercio (o agro) o el IMABA cada vez que pide un crédito.

Sin embargo no es muy grande para un rentista que todos los meses cobra sus intereses en el banco o sus alquileres de las propiedades que posee, ingresos por los cuales no se paga ningún impuesto. Para ello el Estado lejos de ser grande es casi invisible.

Por lo tanto es legítimo que los trabajadores y los productores reclamen menos impuestos. Pero no es bajando el gasto del Estado el único camino para lograrlo. Basta gravar a los que disfrutan de altos ingresos y grandes riquezas y no pagan ningún impuesto.

La segunda reflexión sobre este tema es que hay que definir con claridad qué se está pidiendo que se achique. Cómo no vamos a coincidir en bajar el gasto de Defensa que llega a 100 dólares por persona y por año; cómo no vamos a coincidir que se reduzca el gasto del Poder Legislativo que iguala en monto (70 millones de dólares) al del Poder Judicial; cómo no vamos a coincidir que se reduzcan los gastos en el exterior de escaso aprovechamiento nacional. Cómo no vamos a coincidir con que se reduzcan los sobreprecios que paga el Estado por un sistema de compras arcaico. Cómo no vamos a coincidir en que se eliminen las prácticas clientelístcias hoy bajo la forma de contratos de obra.

Pero no vamos a coincidir en que se reduzca el gasto educativo aumentando la educación privada, ni que se reduzca el gasto en salud, pasando hospitales a gestión privada, ni que se reduzcan una vez más los salarios públicos, como se proyecta en este presupuesto. Tampoco creemos que sea un camino adecuado reducir la plantilla de funcionarios públicos, porque cada funcionario público que reduzcamos no es trabajador privado más, sino un desocupado más. Por ello la solución al peso del Estado en la producción y el trabajo tiene un doble eje: reforma tributaria para que empiecen a pagar los que no lo hacen y redireccionar el gasto público.

No pretendemos que todas nuestras propuestas, que nuestro programa entero sea el de la gran alianza social y económica contra la ortodoxia liberal banquera   importadora. La sociedad tiene mucho para reclamar e incorporar de su práctica cotidiana a este programa. Sin embargo hay cosas que no podemos aceptar porque en lugar de mejorar empeorarían las cosas.

Por ello hay que trabajar en pos de un gran acuerdo nacional, de un gran Movimiento por el Trabajo, sabiendo que nuestros principales aliados son los propios trabajadores asalariados e informales, los desocupados, los pequeños y medianos empresarios de la ciudad y el campo que trabajan para el mercado interno y que son dominados por la banca y el gran comercio, las cooperativas de trabajo, de vivienda o financieras, los empresarios de la construcción, los centros comerciales de gran parte del país y por supuesto los jóvenes y sus organizaciones estudiantiles. Es a partir de una red de propuestas y acciones de estas organizaciones que se alumbrará un nuevo camino. ESA ES LA TAREA DEL MOMENTO.

* Director del Instituto Cuesta Duarte

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