Incisiva proclama sanducera
El pasado 23 se realizó una marcha y posteriormente un mitin en la ciudad de Paysandú.
Los actos fueron organizados por el PIT-CNT, FUCVAM, el Centro Comercial e Industrial de Paysandú y el Movimiento Paysandú entre todos.
La movilización culminó con la lectura de una proclama cuyas aristas elocuentes y sagaces vale la pena examinar.
También se podría hacer como hace el gobierno, que es ignorar este tipo de expresión cívica y persistir en su catecismo.
También es señalable la tesitura de las derechas que están empezado a gestar una suerte de «sindicato-fobia», o rechazo a toda voz que provenga del espacio social, actitud por la cual en lugar de atender y entender la protesta, el malestar y las propuestas que nacen en los ámbitos gremiales o sociales, lo que se busca es colocarle un «sambenito» para aislarlas.
Así, por ejemplo, el Señor Juan Carlos Doyenart escribe en El Observador: «Los sectores radicales (…) no darán la lucha ideológica ni pensarán en abandonar el Frente. Se refugiarán en el movimiento sindical donde cuentan con bases más fuertes y entablarán la guerra de guerrillas».
El planteo de las fuerzas vivas de Paysandú se basa en la contraposición del ideario Artiguista que reivindican, con las actitudes del gobierno actual.
Expresa, entre otras cosas, la proclama: «La concepción Artiguista de la soberanía, surgida en contraposición con el despotismo español, radicaba en el pueblo y de allí el respeto sin concesiones a su voluntad, expresado claramente en las Instrucciones del año 13.
Hoy, a cada paso vemos cómo, desde la suplantación del pueblo ejercida por la dictadura, el ingenio de los gobernantes que la sucedieron se ha esmerado en elaborar chicanas, para impedir que la ciudadanía se exprese, o en violar sus decisiones. Las últimas leyes dictadas, constitucionales o no, han sido pensadas y realizadas para impedir que el pueblo ejerza su poder. Así es que han aumentado las exigencias en cuanto al número de firmas necesarias para poner en práctica el recurso de referéndum. Trabas para expresarnos y decidir directamente, para luego de superadas las vallas y escuchada la voz del soberano, violarla descaradamente poniendo en juego todas las trampas y triquiñuelas más propias de tahúres que de dignos hombres de Estado. Y si no, vean ustedes cuál ha sido el camino de las empresas públicas sobre cuyo destino nos pronunciamos en votación abrumadora el 13 de diciembre de 1992. «A cada paso un lazo», para ir entregando de a pedazos lo que les impedimos entregar en un bocado, a las voraces fauces de las multinacionales. Sin embargo ¡cómo han recurrido al plebiscito de la ley de impunidad a la hora de proteger a violadores, asesinos y torturadores cada vez que se los reclama desde el extranjero!
¿Y qué de los retazos de soberanía popular residentes en el Parlamento a través de sus representantes? Una gestión legislativa para la cual la realidad es que casi la mitad de los legisladores han sido reducidos al recurso de la denuncia (que en muchos casos y dicho sea con el mayor de los respetos tienen el mismo eco que el ladrido de los perros a la luna. Un Parlamento prisionero de un sistema de acuerdos y repartos de favores gestados fuera del palacio de las leyes, sin respeto por la oposición y sin contacto con sus mismos representados.
Cualquier parecido con el respeto casi religioso por aquellas asambleas de los pobres de la Banda Oriental parece pura coincidencia.
Cuán lejos nos encontramos de aquel Artigas que sostenía: «El gobierno está instituido para bien común, para la protección, seguridad, prosperidad y felicidad del pueblo, no para el provecho, honor o interés privado de algún hombre, familia o clase de hombres».
«Que todos los impuestos y sisas que se impongan a las introducciones extranjeras serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio».
«La soberanía particular de los pueblos será precisa, declarada y ostentada como objeto único de nuestra revolución».
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