Plan agroenergético: ¿nacional o metropolitano?
Uno de los ejes para potenciar el país productivo reiterado por el gobierno lo constituye la propuesta en materia energética. Ancap había elaborado un denominado «Plan Agroenergético Nacional (PAN), que incluía, entre otras cosas, una agenda de implementación de cultivos sacarígenos los oleaginosos caminan bien – e instalación de ingenios en el Uruguay. Se comenzó a transitar hacia esos objetivos, venciendo resistencias burocráticas y de otra índole, llevando adelante el programa sucroalcoholero en Bella Unión. La tradición cañera y el hecho de ser aquella zona del país una de las más castigadas por la desocupación, desde la caída de la producción azucarera nacional, fueron determinantes para que se implementara dicho programa en ese lugar, con buenos resultados hasta el momento, que justifican la inversión realizada. Precursoramente, hace veinte años – tiempo perdido – la Comisión Especial del Senado, que en el año 1985 estudió la reapertura del ingenio de Mercedes – cerrado por la dictadura cívico militar a través del corte de créditos del Banco República -, sostenía que era factible «la iniciación inmediata de la producción de alcohol carburante por parte de Ancap a título experimental, sobre caña de azúcar en «El Espinillar» y sobre sorgo azucarado en Mauá (ingenio de Arinsa), promoviendo el cultivo». El programa del Frente Amplio avalaba esta aspiración, expresada por senadores de todos los partidos políticos, integrantes de aquella Comisión Especial. Veinte años después esta experiencia que apunta, no sólo a contribuir a resolver la emergencia energética, sino también a impulsar el país productivo, reivindica en la práctica aquellos esfuerzos.
Bajo la dirección de Ancap se han ido realizando experiencias de cultivos sacarígenos – básicamente remolacha azucarera – en distintas zonas del país, como ser en ruta 90, departamento de Paysandú, en Cañada Nieto, departamento de Soriano, en Míguez y ruta interbalnearia, departamento de Canelones, con buenos resultados por lo que sabemos. De todas maneras, en Paysandú y Soriano ni siquiera era necesario realizar esas experiencias de campo, puesto que en ambos departamentos el cultivo de remolacha azucarera estuvo durante muchos años incorporado a la cultura agrícola de sus productores, al punto de que, en ambos departamentos, se llegó igualar, en algunos momentos, los rindes de Francia, país del primer mundo que ha considerado siempre este cultivo como funcional a su estrategia productiva nacional. Algún seminario sobre bioenergía realizado por Ancap daba el espaldarazo para estos esfuerzos, coadyuvantes a solucionar la crisis energética e impulsar el país productivo con justicia social.
Pero, de buenas a primeras, el Plan Agroenergético Nacional (PAN) deviene en Plan Agroenergético Metropolitano (PAM), en un rápido proceso que no nos queda claro en sus fundamentos, salvo en lo relativo al abaratamiento de fletes para proveer de biodiesel a la planta de La Tablada. Dice el vicepresidente de Ancap, Raúl Sendic, LA REPUBLICA, viernes 10 de noviembre, pág.7: «Se está preparando también el otro paso grande que Ancap va a dar en el área de los biocombustibles, que es el plan agroenergético metropolitano, que es la producción de biodiesel y alcohol en el sur del país con materia prima local, con la introducción de unas 100 mil hectáreas de cultivos para abastecer una planta de biodiesel y una de alcohol que estamos pensando instalar en el sur del país, involucrando a los departamentos de San José, Canelones y Montevideo». Lo expuesto es corroborado por las asiduas intervenciones en la prensa del senador Eleuterio Fernández Huidobro, quien hace especial hincapié en las 100.000 hectáreas, ambiciosa cifra que deseamos fervientemente se alcance. Quiere decir que, ni Paysandú, ni Soriano, ni Maldonado, cuentan para el nuevo plan, transmutado al área metropolitana, motivo central de los desvelos de los gobernantes uruguayos de todos los tiempos. Si es para bien del país, que así sea.
Está equivocado con todo respeto – el senador Eleuterio Fernández Huidobro cuando, en la contratapa de LA REPUBLICA, del 23 de noviembre, titulada «Equivocados», critica a quienes analizaron en el transcurso del tiempo matemáticamente la ecuación económico financiera obtenida con la producción de oleaginosos y/ o sacarígenos, en la relación por la cual, a un rendimiento agrícola determinado por hectárea, se corresponde un costo de biodiesel o de alcohol equivalente a un barril de petróleo. El senador generaliza, como si todos los que hemos defendido la propia Comisión Especial del Senado y las fuerzas vivas de Paysandú y Soriano – la vigencia de la agroindustria azucarera desde la recuperación de la democracia, nos hubiéramos basado sólo en dichos cálculos, dejando de lado lo que él a continuación menciona, en cuanto al fundamental valor agregado de generación de puestos de trabajo, radicación de gente en el campo, defensa medioambiental, etcétera, etcétera. Quizás su reflexión sea válida hacia adentro, hacia el propio FA, que albergaba alguna gente temerosa de ir contra el pensamiento oficial o gubernamental – dominante. Recuerdo la asistencia de aquellos ciudadanos a una reunión de la Comisión Central de Programa del FA, acompañados y asesorados por el ingeniero sanducero que más sabe en el país sobre la materia, alrededor de los años 1994 o 1995.
El responsable del tema hoy jerarca ministerial nos preguntó acerca del monto de las importaciones de azúcar del país. En aquellos momentos eran unos 35 millones de dólares anuales. Nos respondió que era una suma irrelevante dentro de los 1.500 millones de dólares anuales del total de importaciones. Entonces, a tal gente, tales cálculos. No había otra salida, como la hay actualmente. Con el PAN, no con el PAM… *
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