Gardel en la cola del pasaporte

LA REPUBLICA realizó un reportaje la semana pasada, en la cola del pasaporte. Los datos que recogió el periodista son desalentadores. Más allá de la cantidad de compatriotas que optan por la emigración, duelen –como una trompada en la nariz–las razones de los promitentes emigrantes, jóvenes en su mayoría, para tomar tal determinación:

– Estoy cansado de buscar trabajo y no lo encuentro.

-El trabajo que tengo aquí no me rinde lo suficiente para vivir decentemente.

Un resultado similar tuvo una encuesta radial realizada hace unos diez días por la radio El Espectador. En ese caso, la periodista manifestaba la impresión que había recibido hablando con algunos de los que realizaban el trámite a la hora de elegir destino: viaje sin referencias concretas; manotón de ahogado

Se estima –proyectando las cifras registradas hasta julio– que este año serán cincuenta y cinco mil los uruguayos que buscarán futuro en otras tierras.

Yo considero positivo que estos datos se conozcan en momentos en que el sistema político está discutiendo el presupuesto, es decir, la ley madre que marcará el rumbo que está dispuesto a recorrer nuestro gobierno.

Y en esa materia hemos visto que en la discusión del presupuesto tiene prioridad absoluta el control, y en la medida de lo posible, la desaparición del déficit fiscal. Para ello se saca punta al lápiz eliminando gastos, recortando inversiones y buscando nuevos ingresos para el fisco por la vía de impuestos nuevos o impuestos viejos que se aumentan directamente al fijarse las tarifas de los carburantes, por ejemplo.

Mientras tanto, asuntos tales como la discusión del nivel de los salarios –tanto públicos como privado– o la implementación de medidas que fomenten fuentes de trabajo, se ven postergados. No se habla de ellos. Por lo tanto, es lógico –aunque no deseable– que los que puedan, decidan irse, al ver que ellos no están ni siquiera mencionados como problema a resolver.

Ahora bien: si esto es así, me parece cínico y frívolo que haya dirigentes políticos y gobernantes que se desvivan por defender a capa y espada la uruguayez de Carlos Gardel y que lleguen a indignarse y protesten porque la delegación argentina desfiló acompañada por los compases de la cumparsita en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Sydney.

Pensemos, amigo, usted y yo. ¿Entre la multitud de compatriotas que acude diariamente a conseguir uno de los cuatrocientos números para obtener el pasaporte, no habrá un futuro Carlos Gardel? Todo es posible ¿verdad?

Y agrego ahora: ¿también en ese caso esperaremos un triunfo rutilante –con o sin accidente en Medellín– para que nuestras futuras generaciones de gobernantes lo reivindiquen, mientras que hoy lo estamos obligando a irse porque no instrumentamos políticas para que edifique su futuro en casa?

* Militante del Frente Amplio   

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